La situación es crítica para los cristianos en Pakistán.Viernes 4 Oct 2013 | 11:27 am



Quiénes somos 
Los Caballeros de la Orden, soldados de Dios, somos jesuitas laicos, somos hombres y mujeres de frontera, dispuestos a estar en aquellos lugares donde hay situaciones de injusticia, donde otros no pueden o no quieren estar, donde se puede tener un efecto multiplicador en bien de la misión. Hombres preparados para responder a las necesidades de nuestro mundo, solidarizándonos con las víctimas de esta historia y así acompañar a Jesús rumbo a la cruz. Somos Compañeros de Jesús, amigos para la misión, y estamos al servicio de la Mayor Gloria de Dios.

Orden Caballeros del Papa en América
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)


Lahore (Pakistán) (AICA): “Es un momento triste para la Iglesia en Pakistán. La situación es crítica. Los cristianos fallecidos en el atentado a la iglesia de Peshawar son mártires de la fe, porque fueron asesinados cuando estaban en la iglesia rezando. Pedimos a todos los fieles del mundo que recen por nosotros”, dijo a la Agencia Fides el padre Waseem Walter, director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Pakistán, describiendo la atmósfera de gran tensión entre las minorías religiosas después del atentado kamikaze a la iglesia de Todos los Santos en Peshawar, el 22 de septiembre.

Después de tres días de duelo para recordar a las víctimas del atentado, en varios lugares de la nación se siguen organizando vigilias ecuménicas de oración como la que se realizó en la iglesia de San Antonio en Lahore, en la que participaron miembros y agentes de la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de Pakistán.

En una nota enviada a la Agencia Fides, el cristiano Nasir Saeed, responsable de la ONG Claas (“Centre for Legal Aid, Assistance and Settlement”), que trabaja en la defensa de los cristianos en Pakistán, afirma: “Temo que el ataque en Peshawar pueda marcar un giro negativo en la persecución de los cristianos en Pakistán. Hasta ahora para atacarlos se usó el pretexto de la blasfemia, a menudo con acusaciones falsas. Ahora la intimidación se ha transformado en bárbaro asesinato y se trata de eliminar a los cristianos del país”.

La Alianza Evangélica de Asia - como informa una nota enviada a la Agencia Fides– lanzó un llamado a la oración, en solidaridad con los cristianos pakistaníes, en unión con todas las comunidades cristianas evangélicas del continente. La Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de la India, en un comunicado enviado a la Agencia Fides, también pide “justicia para las víctimas e indemnizaciones para las familias”, invocando protección para los cristianos.

Mientras tanto, se multiplican las iniciativas, ayudas y solidaridad hacia las familias cristianas de Peshawar, afectadas por la tragedia, por parte de asociaciones de pakistaníes cristianos en el extranjero.+


ordendeloyola@gmail.com

¿Qué debo hacer para reducir mis emisiones de CO2-equivalentes?. Guillaume Emin. Cuidado del medio ambiente Orden Caballeros de Su Santidad el Papa "San Ignacio de Loyola".


Los deberes morales por lo general no están muy de moda hoy en día. Es muy fácil hablar de que hay que ver las películas, hay que hacer viajes o que hay que tener aplicaciones de teléfonos inteligentes, pero se ha vuelto muy difícil hablar de lo que cada persona debe hacer o evitar por razones morales.

Al comentar algunas maneras eficaces de reducir nuestras emisiones de carbono, me gustaría hacer hincapié en que preocuparse por cuestiones morales no es negativo en sí mismo, como si sólo pudiera ser un tema de preocupación para la moralizar enanos (o pitufos) sesudos. Tomar decisiones morales es parte de nuestra naturaleza y la búsqueda de lo que es bueno es esencial para encontrar la verdadera felicidad. Por esta razón, la reducción de emisiones de CO2-equivalentes no es sólo una cuestión de gusto o preferencia visto en términos de una forma de vida. Es una cuestión moral fundamental que nos implica profundamente.

¿Por qué preocuparse por las cuestiones morales? 

En efecto, lo que está en juego en nuestros deberes morales es realmente nuestra felicidad y nuestra propia naturaleza en el sentido más profundo de la palabra. De hecho, sería muy deprimente pensar que el hombre no está hecho para la justicia, la bondad y la verdad, y que puede ser indiferente a ella. Jesús realmente nos dijo que la búsqueda de la justicia y de la verdad debe ser nuestra prioridad, si queremos ser felices y encontrar un consuelo real: “Así que no se preocupen diciendo: ‘¿qué comeremos?’ o ‘¿qué beberemos?’ o ‘¿con qué nos vestiremos?.’ Porque los gentiles andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” (Mateo 6:31-33).

Lo que está en juego es nuestra propia naturaleza. Si la justicia es buena realmente en sí, sus raíces tienen que estar más allá de nosotros mismos, en leyes universales. Se ha vuelto difícil reclamar esta universalidad hoy en día, porque a menudo se prefiere pensar en decisiones morales como puntos de vista relativos. Esto hace que sea mucho más fácil para cualquiera de nosotros pensar que podemos ser libres o que está bien todo lo que hacemos, pero realmente al mismo tiempo se deja un vacío de todo aquello que podría hacer atractivo el significado de la libertad y la bondad. Si los puntos de vista subjetivos son más importantes que la verdad, lo que es bueno o no ya no es una cuestión de respeto o falta de respeto de los valores o principios que se consideran universalmente buenos. Sólo son “buenos hasta lo que a mí respecta.”

No sólo nos han robado aquello que lo bueno es atractivo, además somos despojados de algo que pertenecía a nuestra naturaleza interior y la dignidad, es decir, nuestra capacidad de elegir con total libertad para hacer el bien universal o el mal. Lo que queda es sólo la capacidad de tomar decisiones morales secundarias estrictamente personales sobre valores morales siempre discutibles. GK Chesterton lo expresó así: “No libere a un camello de la carga de su joroba; usted puede liberarlo de ser un camello.”

Es importante tener en cuenta estos sesgos culturales del mundo contemporáneo para aprovechar el alcance de nuestros deberes morales con respecto al cambio climático y las cuestiones energéticas. Es fácil poner de relieve la evidente falta de adopción de medidas para resolver los problemas del clima y la energía hoy en día. El hecho, en la publicación de 2007 por la Comisión Europea “El objetivo de 2° C,” es que se estima que hay que emitir 18 mil millones de toneladas o menos de CO2-equivalentes en 2050 para evitar un calentamiento global superior a 2°C. Sin embargo, emitimos cerca de 47 mil millones de toneladas en 2009 y las emisiones siguen aumentando. Las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI) aumentan en un 1,5% anual de promedio desde 1980. A ese ritmo, las emisiones se duplican matemáticamente cada 45 años.
Sin embargo, la importancia de los deberes morales y opciones de nuestra propia naturaleza humana significa que no estamos tratando aquí de una cuestión meramente política o física. El cambio climático y los riesgos de la energía tienen implicaciones humanas que plantean cuestiones morales y de justicia inevitables. Esta es también la razón por la que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad moral de responder a estas cuestiones de forma independiente de lo que otras personas piensan o hacen, incluso a sabiendas que nuestros propios esfuerzos personales no son suficientes para resolver el problema a escala global.

¿Qué podemos hacer personalmente para reducir nuestras emisiones de CO2-equivalentes?

 ¿Qué estilos de vida son sostenibles? ¿Qué deberíamos hacer con los modos de vida que no se pueden generalizar? No hay una respuesta simple, pero lo cierto es que muchos de nosotros, sobre todo en los países desarrollados, somos llamados para hacer un gran esfuerzo para adoptar maneras de vida mucho más sencillas. Los países que hoy pueden ser considerados como desarrollados (con un producto interior bruto o PIB per cápita superior a 25.000 dólares EE.UU.) suponen el 15% de la población mundial, pero representan el 65% del PIB y el 60% de las emisiones históricas de CO2 de los combustibles fósiles desde 1750. En promedio en 2009, una persona en los Estados Unidos consumía alrededor de 8 toneladas de petróleo-equivalentes y alrededor de 4 en Japón o Alemania, 1,5 en Brasil o en México y 0,2 en Bangladesh. Existen similares diferencias para las emisiones de GEI. Las emisiones medias de CO2 procedentes de actividades energéticas (alrededor del 65% de las emisiones mundiales de GEI) alcanzan las 4,6 toneladas de CO2 per cápita a nivel mundial, con 14,5 toneladas en América del Norte y 7 toneladas en Europa en comparación de sólo una tonelada por habitante en África. Si somos nueve mil millones de personas en la tierra, deberíamos emitir sólo dos toneladas de CO2 equivalente por habitante en promedio (todas las emisiones incluidas). En Francia, las emisiones totales de GEI relacionadas con el modo de vida en el país llegaron a alrededor de 10,5 toneladas de CO2-eq en 2010.   Curiosamente, estas emisiones están más o menos divididas equitativamente entre cinco grandes segmentos:

• Bienes de consumo no alimentario 
• Alimentos 
• Vivienda (en particular, la energía que se consume en las casas) 
• Transporte 
• Los servicios (en particular, los servicios públicos) 

Este contexto pone de manifiesto que la reducción de nuestra huella de carbono pasa por asumir cambios en la mayor parte de las facetas diarias de nuestra vida, y requieren un compromiso personal de cada uno de nosotros más allá de meras decisiones políticas. Algunos hábitos sin embargo, tienen un impacto mayor que otros y algunos de ellos también son más fáciles de cambiar. Para terminar, he aquí una lista de posibles ideas a adoptar, aunque hay que tener en cuenta que no hay ninguna solución mágica única para resolver los problemas existentes de clima y energía:

• Aislar mejor los hogares y producir menos calor para acondicionar la temperatura en el interior de los mismos (incluso si esto significa ponerse un jersey), ya que los edificios representan más del 40% del consumo final de energía en un país como Francia, suponiendo la calefacción el 70% de esta cantidad

• Consumir menos bienes, y en particular, aquellos que tienen una huella de carbono significativo, como las computadoras. La producción de una simple computadora portátil de bajo costo requiere la emisión de 200 kg de CO2-eq y una computadora de escritorio sofisticada emite 800 kg de CO2-eq (40% de una cuota anual de dos toneladas)

• Comer menos carne y, en particular, menos carne de ternera o cordero, ya que estos animales emiten cantidades significativas de metano. Comer menos productos lácteos puede ser útil por la misma razón. Las emisiones de CO2-eq por kg de alimento alcanza unos 60 kg para la carne de ternera, 25 kg para la de cordero y de 10 kg para la mantequilla, pero las cifras disminuyen hasta alrededor de 3 a 6 kg para aves de corral o carne de cerdo y aún más baja para muchas frutas y verduras: alrededor de 500 g por kg de alimento (como una estimación grosera de manera genérica) cuando se produce a nivel local y de temporada. (Fuentes : Informe ADEME en la agricultura en Francia, base de datos ADEME).

• Utilizar medios de transporte que produzcan las menores emisiones posibles y moverse menos. A este respecto, es particularmente importante evitar tomar el avión, sobre todo cuando la razón es evitable como es el caso del turismo internacional. Un vuelo de regreso desde París a Nueva York en un Airbus 330-200 requiere la emisión de alrededor 3,6 toneladas de CO2-eq por pasajero (es decir, casi el doble de la cuota anual de dos toneladas). También hay opciones para mejorar nuestros hábitos de transporte, incluyendo el uso de vehículos más pequeños, compartir coche, usar el transporte público, trenes, teletrabajo para reducir nuestra necesidad de moverse, bicicletas, o simplemente caminando como en los “buenos” viejos tiempos. 

• Elegir una casa apropiada. Es mejor vivir en un apartamento en lugar de una casa (los apartamentos son más fáciles de calentar, y por lo general están ubicados en zonas más densamente pobladas). También es mejor evitar vivir en zonas peri-urbanas que a menudo son altamente dependientes del coche. Por último, pero no menos importante, cuanto menor sea la superficie edificada donde vivir, más baja es la huella de carbono procedente de la calefacción y la construcción inicial de la casa. • Vivir en una comunidad o casarse (y no divorciarse) puede ser una excelente opción para reducir las emisiones de CO2-eq, ya que evita, por ejemplo, tener dos casas. Un estudio francés realizado en 2011 identificó una correlación significativa entre el tamaño de los hogares y las huellas de carbono per cápita en términos de transporte, alojamiento y alimentación. Curiosamente, parece que hay una correlación mucho más limitada entre huellas de carbono y expresiones de sensibilidad a estos asuntos ambientales.

Estas ideas, así como otras posibilidades que no se mencionan aquí, implican cambios radicales en nuestra forma de vida para muchos de nosotros. Esto es debido a que en el contexto en el que estamos, estamos llamados a emprender una respuesta radical. Por otra parte, los cristianos tienen una responsabilidad específica. “A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” (Lucas 12:48)

¿Sería concebible que aquellos que han recibido al mismo Cristo en la fe no den una respuesta radical a una de las grandes necesidades de nuestro tiempo? Y esta necesidad vital es ser menos materialista y dejar más espacio a Dios en nuestra vida, para dar más valor al “ser” que al “tener,” para dirigir lo más posible nuestra vida hacia lo que es justo, bueno, bello y verdadero.

Este artículo también está disponible en Inglés


El autor es analista de Sostenibilidad de Dexia Asset Management en Bruselas, Bélgica. Su función se centra en la integración de políticas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en el proceso de inversión de la inversión socialmente responsable (ISR) los fondos. Guillaume se graduó de Ciencias Políticas en París, Francia en 2009 con una Maestría en Finanzas. Puede ponerse en contacto con él a través de su correo electrónico: guillaume.emin.mail@gmail.com.

 SOBERANA Compañía de LoyOLA
FUNDADOR 1ER "GENERAL"



HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN PENITENCIAL UNIDA A LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA CON MOTIVO DE LA PROFANACIÓN DEL TEMPLO DE SAN IGNACIO.

 En Nombre de la Orden Caballeros de Su Santidad el Papa "San Ignacio de Loyola", asistieron S.E. el Señor General de la Orden Don Carlos Gustavo Lavado Roqué , S.E. la Muy Augusta Dama Gran Cruz Dra Doña Jaqueline Lorena Luisi OCSSPSIL,, y S.E. la Muy Augusta Dama Gran Cruz Dra Doña María Lidea Arnedo Turdó OCSSPSIL.



HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN PENITENCIAL 
UNIDA A LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA 
CON MOTIVO DE LA PROFANACIÓN DEL TEMPLO DE SAN IGNACIO

Esta tarde nos alberga este antiguo y bello templo de San Ignacio de Loyola, por cierto el más antiguo, diseñado y construido en el siglo XVIII. En este espacio consagrado, vibran voces y pasos de generaciones de argentinos y se guarda buena parte de la memoria de nuestra historia. Sus muros e imágenes son testigos silenciosos de gestas patrióticas, como aquella gloriosa resistencia al invasor inglés en 1807. Aquí se celebraron las sentidas Exequias por los caídos en la defensa de Buenos Aires y la Acción de gracias a Dios por habernos librado de la mano del enemigo. En este mismo lugar, sesionaron agitados cabildos abiertos y no le fueron ajenos los sucesos de Mayo que gestaron nuestra Nación.

Los artísticos retablos de este solar contienen numerosos santos, modelos del ideal de santidad en la vida bimilenaria de la Iglesia. Ellos fueron, mientras peregrinaron en esta vida, los hombres y mujeres de fe, que amaron a Dios y al prójimo; sus vidas son guías en el camino interior y ejemplo de seguimiento incondicional del Evangelio. Hoy son nuestros amigos del cielo, a quienes los católicos recurrimos en nuestras necesidades espirituales y materiales. Entre tantas imágenes se encuentra la más antigua de la ciudad, Nuestra Señora de las Nieves, Patrona secundaria de los porteños que la reconocemos como Madre. El silencio y esta variada iconografía −que nos recuerda la cercanía de la comunión de los santos−, ofrecen el clima deseado para el recogimiento interior, y es un remanso espiritual en lo que hoy vive el agitado microcentro de nuestra ciudad.

Pero, como Uds. saben, no nos ha convocado la conmemoración del pasado, ni tampoco la belleza de este templo, ni siquiera sus vínculos a la historia patria o el valioso patrimonio edilicio, sino el triste y deshonroso hecho de su profanación. Los que la perpetraron, a su paso, dejaron las huellas de la vieja gramática de la intolerancia, una muestra de incapacidad para aceptar las diferencias, y pienso también, de desconocimiento cultural y religioso, porque así los eximimos de mayores responsabilidades. Profanar significa en sentido amplio, hacer uso indigno de cosas respetables para otros; faltarle el debido respeto por lo que significa para mi prójimo, en especial, por sus creencias. En nuestro caso, profanar un espacio consagrado al culto católico, a las realidades espirituales, es una grave ofensa a Dios y a los que creemos en Él. Las injurias que se cometen en un templo, afectan y hieren en cierta manera a toda la comunidad de los creyentes en Cristo, de quienes el edificio sagrado es signo e imagen.

Quienes lo cometieron tuvieron un particular ensañamiento con el altar, lugar del sacrificio eucarístico, la Santa Misa. Para nosotros, el altar es el lugar donde celebramos los sagrados misterios, el memorial del Señor resucitado, donde Jesús se ofrece a sí mismo por amor a los hombres, y es por eso que entre tantos nombres que recibe este rito, lo llamamos el “sacramento del amor”: en él, los cristianos renovamos nuestro pobre amor humano y tomamos de cada eucaristía lo que necesitamos para seguir caminando. Advirtamos que el daño material es insignificante, comparado al espiritual; cuánto más, si pensamos en tantas personas que se reúnen en torno a este altar para recibir la vida de Dios y renovar así la fe y esperanza.

El nombre propio de este misterio es la Comunión, porque al celebrarla fieles tan diferentes, sin embargo, se salvan esas diferencias para constituir una sola Iglesia, unida por el amor de Cristo que la alimenta con su Cuerpo y su Sangre, presentes bajo los signos sacramentales que consuelan y fortalecen. En este santo rito, celebrado con los humildes dones del pan y el vino, hay un misterioso intercambio: la Iglesia hace la eucaristía y la eucaristía hace la Iglesia. Los cristianos no podemos vivir sin ella.

Ahora estoy en el altar de la Palabra, la que hemos proclamado entre cánticos y aleluyas. Los cristianos creemos que es Dios mismo el que habla y se dirige al corazón del hombre, y cuando la hacemos nuestra no vuelve a él estéril, sino que da muchos frutos. El libro de Nehemías conduce al pueblo de Israel que vuelve del exilio persa y encuentra la ciudad de sus padres desbastada, entre ruinas. Las lágrimas, el desánimo y la tristeza se convirtieron en alegría cuando el sacerdote leyó el «Libro de la Ley de Dios» y les interpretó las Escrituras. El pasaje bíblico tiene la virtud de iluminar a los oyentes de todos los tiempos y parece dedicado a nuestra asamblea cuando se nos dice: No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes. Muchas veces, al concluir la Misa, despedimos a los fieles con esta sentencia, porque estamos convencidos de que la Ley del Señor alegra el corazón del hombre, reconforta el alma, es sabiduría del humilde y sus preceptos son rectos e iluminan los ojos, como enseña el salmo 18.


El Evangelio de San Lucas nos vuelve a sorprender con el envío de un numeroso grupo de discípulos. El Señor los envía como ovejas en medio de lobos y el contenido del anuncio gira en torno a dos palabras: Paz y Reino. Los discípulos saben que son enviados a un mundo hostil, pero de ningún modo podrán justificarse si hablan o actúan con el mismo método de la agresividad. Como en otras de sus enseñanzas, hay un claro mandato a renunciar al recurso de la violencia, porque el Evangelio que se ha de anunciar no necesita más que la fuerza de su misma verdad y el poder de Dios que lo acompaña. El no llevar nada para el camino está en relación con la confianza que hay que poner en quien los envía, pues la eficacia de la paz que debe anunciar no depende del que la pronuncia, sino de Él, que es el que envía. La paz que viene de Cristo, no es la que da el mundo (San Juan), es el cumplimiento pleno de los bienes prometidos por Dios. El mismo Señor elogia a los que reciben su Paz y viven conforme a ella: Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). Con este lenguaje de paz, los discípulos son enviados a anunciar que el Reino de Dios está cerca de Ustedes. «Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura (Mt 6,33). Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo.» (EN 8)

Estos textos me hicieron reflexionar sobre este momento. No perdamos el don de la paz que le da a la Iglesia serenidad y perseverancia, y tomemos las adversidades del camino como signos de que el Reino está en gestación. Mientras tanto, nuestra misión es anunciarlo y construirlo entre nosotros con la persuasiva verdad del Evangelio. La misión que inició Jesús con el envío de los discípulos está abierta y nos toca continuarla con alegría y esperanza.

En esta semana, alguien me preguntó qué haría yo si me encontrase con los jóvenes que cometieron lo que hoy estamos reparando con este acto penitencial. Lo digo con toda libertad: me encantaría encontrarme con ellos; amicalmente, por cierto –dejaría el báculo, para que no crean que voy con un palo…-. Si fuera posible, dejar el túnel de las ideologías y, respetando la diversidad de ideas, me gustaría trazar un puente que nos una y practicar con ellos el antiguo arte del diálogo humano. Sentarnos, mirarnos a la cara, escucharnos y matear si las circunstancias lo permiten: es muy probable que podamos aprender unos de otros. Por mi parte, les hablaría de Jesús y sus ganas de encontrarse con ellos. Quizás no sepan que la Iglesia no tiene luz propia, su luz le viene de Cristo que es Luz del mundo; y esa luminosidad, la comparte con cada bautizado, para que, donde nos encontremos, hagamos brillar el Evangelio de la Vida. No sé, además, si sabrán que la Iglesia arde de deseos poranunciar el Reino y su justicia, renovando sus métodos y estilo pastoral para realizarlo. Si bien es cierto que no se pasa gratuitamente el límite que marca la razonable convivencia humana, −no sin dejar huellas de violencia y ahondar las diferencias hasta el desencuentro más cruel−, sin embargo, mirando hacia el futuro e imaginando mejores espacios de convivencia entre los argentinos, sobre todo entre los jóvenes, les propondría apostar a la cultura del encuentro, como nos invita el Papa Francisco, que movido con la audacia que da el Espíritu, hoy nos invita a ser creativos y a no claudicar en la construcción de un mundo más fraterno.

+Mario Aurelio Poli 
3 de Octubre 2013

 SOBERANA Compañía de LoyOLA
FUNDADOR 1ER "GENERAL"




Mi tatarabuelo el ingeniero francés JUAN CONSTANTINO ROQUÉ FRUCHANSON, y DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD se vincularon a través de la historia urbana de la provincia de Córdoba y los lazos familiares de descendencia.

Juan Constantino Roqué Fruchanson (ingeniero francés radicado en Córdoba en el siglo XIX) estuvo emparentado y vinculado con la familia del ...