domingo, 31 de agosto de 2014

"Cruz, Espada y Maíz". Historia de Sonora- Los jesuitas con los mayos.



orden de los caballeros 
de su santidad el papa 
"san ignacio de loyola" 

priorato general de méxico





Los mayos o yoremes son un pueblo amerindio que habita en el norte del Estado mexicano de Sinaloa (Valle del Fuerte) y el sur de Sonora (Valle del Mayo) en una región costera costera ubicada entre los ríos Mayo y Yaqui.


Jesuitas en Córdoba República Argentina. Familia Roqué Lascano.



D carlos gustavo lavado ruíz
 & roque lascano 


Calles de la ciudad de Córdoba recuerdan sus ancestros

Calle Benito Lascano
Arzobispo de la Diósesis de Córdoba

Calle Juan Roqué
Primer Presidente de la Municipalidad 
de córdoba (no asumió)

Calle Juan Piñero
el 28 dediciembre de 1867, 

El Ing Juan Constantino Roqué Frychanson  
reconstruyó el Monasterio de Santa Catalina 






sábado, 30 de agosto de 2014

El Nuevo Orden Mundial 2014 - Padre Alfredo Sáenz SJ.



Orden de los caballeros de 
su santidad el papa 
"san ignacio de loyola"


Hemos participado de la presentación de un nuevo bloque de paises que conforman el grupo "MIKTA" Mexico, Indonecia, Corea del Sur, Turquía y Australia.



Orden de los caballeros de 
su santidad el papa 
"san ignacio de loyola"

GRAN secretario




Dijo S.E. el Gran Secretario de la Orden de los Caballeros de Su Santidad el Papa "San Ignacio de Loyola" Fr Don Guillermo Valín "Hemos participado de la presentación de un nuevo bloque de paises que conforman el grupo "MIKTA" Mexico, Indonecia, Corea del Sur, Turquía y Australia, los mismos buscan cambiar el rumbo de la politica internacional". 

Sesión académica organizada conjuntamente por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI, y las embajadas de México, Australia, Corea del Sur, Indonesia y Turquía

El Proyecto Apostólico Común PAC, profundiza el significado y los modos de colaboración, alienta a la formación conjunta de laicos y jesuitas para la colaboración y fortalecer las redes o familias ignacianas. Colaboradores en la misión de Cristo Palabra de la CPAL.




Orden de los caballeros de 
su santidad el papa 
"san ignacio de loyola



Aún recuerdo la cara de satisfacción y orgullo con que aquel señor me dijo:

- ¿Usted es el párroco de Guachupita? Yo construí la iglesia.

Sonaba como si él solo la hubiera construido. O que al menos había sido el agente principal. Era uno de los muchos albañiles que trabajaron en la obra. Pero la sentía como obra suya. Y lo era. Más aún, sentía que lo que pasaba ahora en ese templo tenía que ver con su aporte. Y tenía razón. También gracias a él es posible la labor de evangelización que allí se realiza.

Estamos acostumbrados a pensar que la obra es de quien la paga, o de quien la diseña. San Juan Pablo II nos recordaba en la Laborem Exercens que la obra es el resultado del esfuerzo conjunto de capital y trabajo. Y nos invitaba a reconocerlo así en las formas de participación incluso en la administración y repartición de beneficios.

Pero en nuestro caso la raíz va más honda. El dueño de la obra es Dios. Y nosotros somos invitados a participar en la Missio Dei, en la misión de Dios. Somos sus colaboradores. El seguimiento de Jesús en respuesta a su llamado nos lleva a colaborar con Él en la construcción del Reino. Pero la misión se nos hace tan grande que nos asusta. Preferimos recortarla a las tareas que me asignan. Pero estas tareas son para colaborar en la misión de Jesús, que para nosotros se concreta en el servicio de la fe y la promoción de la justicia en diálogo intercultural e interreligioso.

Esta misión se va encarnando en los contextos en que nos movemos: las prioridades de la CPAL, de la Provincia, de la plataforma apostólica u obra donde estoy. Pero siempre nos queda grande. Es una misión que sólo podemos realizar en colaboración con otros, en colaboración con Jesús. Es la misión del Cuerpo de Cristo, que realizamos según el contexto y la espiritualidad ignaciana.

Y es ahí que radica el cambio de perspectiva. No tenemos colaboradores que nos ayudan a realizar nuestra misión. Somos todos colaboradores en la misión de Cristo. Conscientes que “ni el que planta ni el que riega, sino que es Dios el que da el crecimiento. Con muchos compartimos la fe. Con algunos compartimos la espiritualidad ignaciana. Pero con todos, cada uno desde su tarea específica, aportamos a la construcción del Reino.

Algunos trabajamos con un salario que nos retribuye nuestra labor y nos permite la sobrevivencia. Otros desde una colaboración voluntaria. También nosotros los jesuitas tenemos algunas tareas retribuidas y otras voluntarias.

Unos lo hacen con plena conciencia del proyecto, de la misión fundamental, de los objetivos y modo de proceder. Otros desde un trabajo bien hecho desde el horizonte más pequeño de cumplir con las exigencias de su empleo. Y entre ambos grupos, toda la gama de estadios intermedios. Pero todos somos colaboradores.

Esta perspectiva demanda de nosotros cambiar nuestro estilo. No somos los dueños de la misión, aunque lo seamos de la obra o las instalaciones. Pero éstas están al servicio de aquella. Como cuerpo de la Compañía nos unimos a otros, con todo nuestro ser y poseer, en la misión. Sin confundirnos, sin borrar identidades ni roles, pero asumiendo que juntos, en esta realidad en la que nos toca actuar, tenemos que buscar la voluntad del dueño de la misión.

Supone una nueva forma de participación en la planificación, en la gerencia, en el espíritu de la misión, en el estilo o modo de proceder. Una novedad que nos exige a todos y todas conversión y aprendizaje. Una novedad que nace del concepto de Iglesia del Vaticano II. Un pueblo de Dios en marcha que implica una nueva relación con el laicado, con el mundo, que brota desde el Evangelio.

En la metodología del PAC, que hemos definido como cercanía, profundidad, para la acción e incidencia, internacional e intercultural, esta es la sexta característica: la colaboración.

Por eso el PAC nos invita a profundizar el significado y los modos de colaboración (Línea de acción 17), a alentar la formación conjunta de laicos y jesuitas para la colaboración (Lda 18) y a recrear y fortalecer las redes o familias ignacianas (Lda 19).

En este sentido el sector colaboración de la CPAL ha producido un documento que nos ayuda a comprender mejor la colaboración; ha ido trabajando en crear una red ignaciana latinoamericana y en fortalecer las redes o familias ignacianas de cada Provincia y prepara, para su publicación inminente, un plan de formación para laicos y jesuitas.

Esperamos de todos nosotros un interés por comprender mejor la novedad de esta manera de entender la colaboración en la misión, el apoyo a las redes,  familias y movimientos ignacianos que se van extendiendo y la participación (de jesuitas y otros colaboradores y colaboradoras) en los planes de formación conjunta para aprender y vivir la espiritualidad de la colaboración.


Jorge Cela, S.J.

El Papa Francisco recibió en una audiencia especial en la Casa de Santa Marta, donde reside en el Vaticano, al único párroco católico de la Franja de Gaza, el misionero argentino Jorge Hernández.



orden de los caballeros de 
su santidad el papa 
"san ignacio de loyola"

noticias del vaticano



El Papa Francisco recibió en una audiencia especial en la Casa de Santa Marta, donde reside en el Vaticano, al único párroco católico de la Franja de Gaza, el misionero argentino Jorge Hernández, que pertenece al Instituto del Verbo Encarnado. No hubo información oficial sobre el contenido del encuentro que Francisco deseaba intensamente para agradecer y elogiar la actitud heroica y sacrificada del cura mendocino, que en medio de las bombas que sufrió su parroquia y sus fieles albergó a niños discapacitados, ancianos y enfermos.
Francisco dejó en claro sus intenciones de encontrar a Hernández y la diplomacia vaticana hizo funcionar los mecanismos para que las autoridades israelíes, que asedian la Franja, permitieran la salida del párroco argentino de la Sagrada Familia.
Dos monjas argentinas que habían salido de Gaza al comenzar el conflicto fueron autorizadas a regresar. El padre Hernández se negó a abandonar la parroquia pese a las sugerencias de que se fuera porque su incolumnidad estaba en grave peligro después de que tres misiles cayeron cerca del templo. El Papa mando varios mensajes con abrazos y bendiciones a los cristianos. "Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide", escribió.
La radio Vaticana entrevistó después de la audiencia al padre Hernández. He aquí el texto del diálogo:
-¿Como fue el intenso coloquio con su compatriota Francisco?
-Para nosotros es una gracia. No es la primera vez. Durante la guerra, el Papa Francisco estuvo siempre cerca de nosotros. Hasta nos mando un e-mail que enseguida traducimos en árabe y que llegó así a toda la comunidad cristiana, que se lo agradeció enormemente. Un pensamiento así en momentos tan duros en un consuelo enorme, un alivio. Y ahora el hecho de que nos haya llamado para un encuentro personal con él, para hacer sentir su cercanía hacia nosotros, su palabra, su aliento y ser la sal de la Tierra de Gaza.
-¿Hay alguna palabra del Papa Francisco que le ha impresionado particularmente en este encuentro?
-Es justamente la palabra sobre el testimonio cristiano. Me dijo: "El Evangelio exige los sacrificios que Jesús pide a cada uno de nosotros, en distintos lugares. A ustedes les toca testimoniar a Jesucristo allí, en la tierra que lo ha visto sufrir, que lo ha visto morir, pero también lo vio resucitar. Entonces, ¡fuerza, coraje, adelante!". Estas son las palabras del Papa Francisco que nos han verdaderamente tocado.
-O sea que le dio sobre todo palabras de aliento, a mantener su testimonio fuerte en esta tierra lacerada por el dolor...
-Sí. Sobre todo en la vida vivida en el dolor. El Papa Francisco es consciente del hecho de que somos una minoría: hablamos de 1.300 cristianos sobre una población de casi 2 millones de habitantes. Hay 136 católicos. Nuestra parroquia de la Sagrada Familia comprende 136 fieles. Nuestras relaciones con los ortodoxos son absolutamente buenos. Nosotros no hacemos ninguna diferencia. Esto es ya resabido. Vamos adelante así.
-Claramente el Papa Francisco se ha Francisco ha empeñado él mismo por la paz en Tierra Santa con su viaje. Recordemos la imagen tan fuerte en el Muro de Belén. Y después con el encuentro de paz aquí, a pocos metros, en los Jardines Vaticanos. ¿Cómo es percibido por los no cristianos este compromiso de Francisco, incluso a la luz del encuentro con usted de hoy que destaca su gran atención?
-Es un empeño de vida, un empeño existencial y concreto para decir que la paz es posible, que los dos pueblos pueden vivir en paz, testimoniando sobre todo al príncipe de la paz, que es Jesucristo. Los frutos de la peregrinación del Papa Francisco a Tierra Santa (en mayo-junio) los vemos ya ahora y los veremos más adelante: el hecho de haber conquistado los corazones de las personas, de haber puesto su palabra buena para todos y para los dos Estados, ha sido para nosotros una gracia enorme.
-Ahora hay una tregua, después de tantos muertos y tanta violencia. ¿Qué esperanza hay por esta tregua? ¿Qué espera el pueblo, los fieles de la parroquia?
-Nosotros esperamos que sea duradera, larga, para siempre. Basta ver el sufrimiento de los dos pueblos. Es necesario comprender una cosa: una guerra no la gana nadie. Nadie. Cada una de las dos partes deberá pagar las consecuencias, unos de un modo, otros de otro. Pero todos perdemos la guerra. Esperemos que Dios nos bendiga con la fuerza necesaria para volver a comenzar.
-¿Qué llamado se siente de hacer para su gente, para su tierra?
-Sobre todo tratar de construir la paz y la justicia. La paz es posible pero exige sacrificios, testimonios, el reconocimiento del prójimo. Pero es posible. Sobre todo para los cristianos. Nosotros los cristianos somos fieles al Príncipe de la Paz, en el país de Jesucristo. Pensamos en Israel. Pensamos en Palestina. Yo quiero agradecer a tantas personas que en todo el mundo nos han sido vecinas. Sobre todo los enfermos, que ofrecieron sus sufrimientos, orando y suplicando por esta paz. Nosotros en nuestra parroquia rezamos por las personas que oran por nosotros, sea en la misa, sea con el rosario, sea en la adoración eucarística.