sábado, 1 de marzo de 2014

Volver a casa pronto, reflexiones en frontera, jesuita Guillermo Ortiz.





Quiénes somos 
Los Caballeros de la Orden, soldados de Dios, somos jesuitas laicos, somos hombres y mujeres de frontera, dispuestos a estar en aquellos lugares donde hay situaciones de injusticia, donde otros no pueden o no quieren estar, donde se puede tener un efecto multiplicador en bien de la misión. Hombres preparados para responder a las necesidades de nuestro mundo, solidarizándonos con las víctimas de esta historia y así acompañar a Jesús rumbo a la cruz. Somos Compañeros de Jesús, amigos para la misión, y estamos al servicio de la Mayor Gloria de Dios.


Orden Caballeros del Papa en América
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)


RV - AUDIO La casa es como una prolongación del seno materno donde abraza la ternura, el amor. En el hogar abriga el fuego tibio y vivificante de la familia, frente a la opresión fría de la soledad que desabriga y abandona en la intemperie dura de la calle. ¿Cuál es mi casa, tu casa alma mía?

En el hogar mi madre nos vestía, nos alimentaba, nos hacía fiesta con su ternura y su sonrisa animadora. Me enseño a rezar el “Padre nuestro” y en el fuego de nuestro hogar aumentó la luz de una mirada protectora.

En brazos de mi madre, llorando ella de consuelo, aprendí a mirar a la Madre de Dios y nuestra, en el momento que masacrada de dolor permanece firme junto a la cruz de Jesús. Y así conocí una Casa más grande llena de gente; una familia con tantos hermanos que no se pueden contar. ¿Cuál es mi casa, tu casa alma mía?

Al final, el hogar te abriga desde adentro; desde la profunda densidad de la memoria más antigua que vos y que yo. Más larga que mi vida y tu vida; como una chispa ardiente que empuja en la peregrinación ardua, densa de hermanos. Caminamos hacia el fuego del corazón de Cristo, donde el amor crepita vencedor. ¡Allí será la fiesta interminable!

Pero, una moneda que, sin serlo ni valerlo, brilló al sol como el oro; me distrajo y me sacó fuera de la Casa una vez y otra vez. Obnubilado y loco, me enfurecí contra otro que la pretendía y compitió conmigo para poseerla. El deseo, la codicia, la furia no nos dejaron ver que estaba acuñada con carne y sangre sufrida de un hermano nuestro moribundo, desnudo, desnutrido, abandonado, sin casa…

Hoy quiero volver a Casa llevando a mi hermano herido; al calor del hogar; a esa prolongación de la ternura y el amor del útero materno y del abrazo del Padre Dios que nos viste y alimenta el corazón.

Dijo Francisco en Santa Marta: “Jesús siempre nos hace regresar a Casa, jamás nos deja solos en la calle”.

Busquemos a Jesús alma mía. Es hora de volver pronto a Casa.

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