lunes, 14 de octubre de 2013

LAVADO ROQUÉ – ORDEN DE LOYOLA "Feliz día de las madres, Feliz día de la familia.



HACE DE TU HOGAR UN LUGAR ALEGRE Y SANTO CON TU BUEN EJEMPLO

Quiénes somos 

Los Caballeros de la Orden, soldados de Dios, somos laicos, somos hombres y mujeres de frontera, dispuestos a estar en aquellos lugares donde hay situaciones de injusticia, donde otros no pueden o no quieren estar, donde se puede tener un efecto multiplicador en bien de la misión. Hombres preparados para responder a las necesidades de nuestro mundo, solidarizándonos con las víctimas de esta historia y así acompañar a Jesús rumbo a la cruz. Somos Compañeros de Jesús, amigos para la misión, y estamos al servicio de la Mayor Gloria de Dios.


Orden Caballeros del Papa en América
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)



Va a comenzar la ronda, venid, los jazmineros 
sobre el verde del prado riegan nieve olorosa,
hay una valla enorme de rosas y luceros 
y una tórtola arrulla bajo la noche hermosa. 
La luna ha desflecado su ropaje ligero 
y está desnuda y casta sobre la cumbre rosa, 
el mar está vestido de niño marinero 
y es ingenua la brisa que besa temblorosa.

Va a comenzar la ronda, todos seremos niños, 
soldaditos de plomo desfilarán callados, 
y pasarán los sueños en celajes rosados. 
Una fragancia antigua, como una nubecilla, 
se alzará de las almas que habían olvidado, 
ha de tener el aire sensación de capilla 
cuando ya no se escuche la fuga del pecado.

Venid todos sonrientes, un día fuimos buenos, 
ha de estar en la fiesta Caperucita Roja, 
no faltarán las hadas ni los gnomos risueños 
ni la cuerda, ni el trompo, ni el misterio en las cosas. 
Unamos el esfuerzo porque ocurra el milagro, 
cada cual contribuya con su grano de oro,
 no importa el sacrificio de ese granito amargo 
si por toda la vida tenemos un tesoro.

Va a comenzar la ronda cuando suenen las doce 
se detendrá la luna sobre el cenit de nácar 
redoblarán tambores, naufragarán las voces 
que entonaban antiguas cantinelas de plata. 
Y entonces, en el centro del jardín florecido 
una estatua de mármol surgirá como un sueño, 
mármol de la cantera más pura de la vida, 
una madre, extasiada con un niño pequeño. 
Suave el gesto infinito, por Dios, que nadie llore, 
es ella la dulzura creciente del cariño, 
ella nos da el más puro de todos los amores
 y sólo en ella somos eternamente niños.

¡Madre! ¡Madre! ¡Bendita la mujer que fue madre! 
Dejaremos sin guardia la estatua bajo el arco 
del cielo que la ampara, que aunque sea muy tarde 
y sea rico el plinto, nadie osará tocarlo. 
Yo pido este recuerdo de la niñez perdida,
 que es el más afectivo de todos los recuerdos, 
para que en él encuentre la que nos dio la vida 
un consuelo en el arte del agradecimiento.

Esta noche seremos nuevamente sencillos, 
cuando llegue el momento, nos faltará la voz, 
pues al par que la estatua brillará con cariño 
obre todos nosotros la sonrisa de Dios

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