sábado, 22 de marzo de 2014

Oración del Santo Padre por todas las víctimas inocentes de las mafias, para pedir la fuerza de ir adelante, de no desalentarnos, sino de continuar a luchar contra la corrupción.





Quiénes somos 

Los Caballeros de la Orden, soldados de Dios, somos jesuitas laicos, somos hombres y mujeres de frontera, dispuestos a estar en aquellos lugares donde hay situaciones de injusticia, donde otros no pueden o no quieren estar, donde se puede tener un efecto multiplicador en bien de la misión. Hombres preparados para responder a las necesidades de nuestro mundo, solidarizándonos con las víctimas de esta historia y así acompañar a Jesús rumbo a la cruz. Somos Compañeros de Jesús, amigos para la misión, y estamos al servicio de la Mayor Gloria de Dios.

Orden Caballeros del Papa en América
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)


(RV) El viernes 21 llegaron a Roma de toda Italia más de 700 familiares de las víctimas de las mafias en representación de aproximadamente 15.000 personas que han sufrido el dolor de la pérdida de un ser querido a manos de la violencia mafiosa. En toda Italia desde 1996 el 21 de marzo, primer día de primavera, se recuerdan a las víctimas inocentes de las mafias. Esta tarde a las 17,30, el Papa Francisco salió del Vaticano para visitar la Parroquia de San Gregorio VII, donde la Asociación “Libera” organizó un encuentro en recuerdo de las víctimas de las mafias. Cada año la manifestación principal se lleva a cabo en un lugar diferente, y este 2014 se desarrolla en la ciudad lacial de Latina. El sábado 22 de marzo se celebra allí la XIX Jornada de la Memoria y del compromiso, en recuerdo de las víctimas de las mafias, organizada por “Libera” y “Avviso Pubblico”, sobre el tema “Raíces de Memoria, frutos de empeño”.

Queridos hermanos y hermanas, 

gracias por haber hecho este alto en Roma, que me da la posibilidad de encontrarlos, antes de la vigilia y de la “Jornada de la memoria y del compromiso” que vivirán esta noche y mañana en Latina. Agradezco a Don Luigi Ciotti y a sus colaboradores, y también a los Padres Franciscanos de esta parroquia. Saludo además al obispo de Latina, Mons. Crociata, aquí presente. Gracias, excelencia.

El deseo que tengo es el de compartir con ustedes una esperanza, y es ésta: que lentamente el sentido de responsabilidad venza sobre la corrupción, en todas partes del mundo… Y esto debe partir desde dentro, de las consciencias, y de allí resanar, resanar los comportamientos, las relaciones, las elecciones, el tejido social, de tal forma que la justicia gane espacio, crezca, se radique, y tome el lugar de la iniquidad. Sé que sienten fuertemente esta esperanza, y deseo compartirla con ustedes, decirles que les estaré cerca también esta noche y mañana, en Latina – si bien no podré ir físicamente, estaré con ustedes en este camino, que requiere tenacidad, perseverancia.

En particular, deseo expresar mi solidaridad a cuantos entre ustedes han perdido a una persona querida, víctima de la violencia mafiosa. Gracias por su testimonio, porque no se han cerrado, sino que se han abierto, han salido, para contar su historia de dolor y de esperanza. Esto es tan importante, especialmente para los ¡jóvenes!

Quisiera rezar con ustedes – y lo hago de corazón – por todas las víctimas de las mafias. También hace pocos días, cerca de Taranto, se ha perpetrado un delito que no ha tenido piedad ni siquiera por un niño. Pero al mismo tiempo recemos juntos, todos, para pedir la fuerza de ir adelante, de no desalentarnos, sino de continuar a luchar contra la corrupción. Y siento que no puedo terminar sin decir una palabra a los grandes ausentes, hoy, a los protagonistas ausentes: a los hombres y a las mujeres mafiosas. ¡Por favor, cambien de vida, conviértanse, dejen de hacer el mal! Y nosotros rezamos por ustedes: conviértanse. Lo pido de rodillas. Es por su bien. Esta vida que ahora viven, no les dará placer, no les dará alegría, no les dará felicidad. El poder, el dinero que ahora poseen de tantos negocios sucios, de tantos crímenes mafiosos, es dinero ensangrentado, es poder ensangrentado, y no podrán llevarlo a la otra vida. Conviértanse: aún es tiempo para no terminar en el infierno. Es lo que les espera si continúan por este camino. Ustedes han tenido un papá y una mamá: piensen en ellos. Lloren un poco y conviértanse.

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