lunes, 12 de agosto de 2013

PENSAMIENTO SOCIAL COMPARTIDO Y NUEVO CICLO POLÍTICO. Por Julián Licastro - Ana María Pelizza.



La Orden de Caballería de las Américas
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)

 

El renacimiento de un pensamiento social compartido

La estructura conceptual del Cardenal Bergoglio siempre se destacó por su coherencia integral desde el nivel más íntimo del pensamiento y el sentimiento conjugado con la acción. Una coherencia demostrada con constancia y consecuencia en toda una vida y concretada en su misión sacerdotal. Verificación ejemplar del ser para saber y del saber para hacer, como condición para testimoniar la creencia que se invoca, y transformar la realidad con los valores que irradia.

Este testimonio, que debería ser habitual en los constructores de la sociedad en sus diferentes aspectos, no lo es lamentablemente en la actualidad, donde una “lógica” endeble” y una “axiología” acomodaticia pone los argumentos detrás de los hechos consumados, mediante “teorías justificatorias” de la improvisación, el ideologismo y la corrupción.

Es un modelo negativo de sociedad, donde dominan los poderosos sin escrúpulos y se descartan los humildes, dejando extinguir a los sectores vulnerables. La llamada “cultura de la muerte” contraria a la defensa de la vida en todas sus manifestaciones. Flagelo que condiciona nuestra existencia, aún en las circunstancias cotidianas, pero recae especialmente en la política como arte de conducción de la comunidad; lo cual potencia el mercantilismo sobre las personas despojadas de su dignidad, incluyendo el tráfico de emociones de la propaganda.

Revertir esta decadencia implica el coraje civil de promover los valores y enfrentar los anti-valores, superando todo prejuicio de “ingenuidad” política, porque allí se juegan verdaderas opciones de vida; mientras el “realismo” oportunista ataca la esperanza, la decisión y la alegría de participar en el protagonismo cooperador de la relación comunitaria. Como afirma Bergoglio: trasponer lo que se “dice” del bien, a lo que se “hace” por el bien.

Para las personas de fe, éste es el campo de la dimensión social, compartiendo los problemas para superarlos en conjunto, convirtiendo actitudes espontáneas de solidaridad en la responsabilidad del compromiso efectivo que asegura resultados concretos. Esta resolución, por encima de lo individual, es la única manera de lograr cohesión social y convivencia plural en una nación fundamentada moralmente en las virtudes de la libertad y la justicia.

Una concepción de gran alcance que, en nuestra interpretación, importa un cambio substancial en la estrategia de pastoral social, ya que considera menos peligrosa la acción del mal organizado, que es minoritaria, respecto a la pasividad y desorganización de quienes queriendo servir al bien son mayoría: pero se encuentran sumidos en el conformismo o la apatía.

La política de unidad y el carácter sagrado de la vida

La política, practicada con sinceridad y honestidad, según Bergoglio, es “una vocación casi sagrada” porque ayuda al crecimiento del bien común, y a la bondad humana en tanto esfuerzo conjunto del pueblo, que no es la simple suma de individualidades a-históricas, socialmente indiferentes, económicamente egoístas y cívicamente asiladas. Por consiguiente, requiere producción de ideas creativas y diálogo enriquecedor entre la diversidad de posiciones para lograr las reivindicaciones que redimen de la postergación y la miseria
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No vale pues la impotencia del lamento o la mera denuncia. Ni la reducción de la misión trascendente de la política, que debe aspirar al mundo digno que exige la providencia y posibilita la riqueza de una nación privilegiada por su enorme potencial. Como tampoco resignarse al exiguo rol de gerenciar las crisis recurrentes de un sistema inicuo, con “diálogos sociales” coyunturales, que pueden terminar siendo funcionales a un régimen consolidado de inequidad e injusticia.

Contrastando con estas desviaciones, la verdadera política se dirige a la articulación ecuánime y la organización de la comunidad, reconstruyendo el entramado del tejido social desgarrado por la división, la polarización y el descontrol. Situación que demanda la reconstrucción de la democracia desde la base, de menor a mayor, por la auténtica representación de los líderes comunitarios, dejando atrás definitivamente la delegación arbitraria de poder de un caudillismo feudalista históricamente atrasado

La captación espiritual, austera y sensible, de las privaciones y sufrimientos de nuestro pueblo, tan inexplicables como inmerecidas, es el núcleo de convocatoria y concentración de las fuerzas necesarias para edificar una sociedad nacional diferente, con igualdad de deberes y derechos para todos, sin privilegios anacrónicos y mortificantes. Fuerzas que producirán, en el amplio espacio del comportamiento ciudadano, el encuentro con las grandes reservas morales de la argentinidad.

Ellas tienen que reflejarse a sí mismas, en la comunicación de todas las voces, sin la intermediación de la dirigencia corrupta y los aparatos mediáticos del relato de uno y otro extremo, que encubre intereses y ambiciones. Por este camino, que pasa previamente por la recuperación de una “intensa mística de servicio”, se crearán las condiciones para evolucionar en el actuación ciudadana, controlar la transparencia de gestión y fortalecer las instituciones republicanas descartando la confrontación estéril.

La amistad social y la militancia abnegada

Dice el Cardenal Bergoglio que la principal ley para consolidar una comunidad es la “amistad social”, nombre con el cual, en forma cálida y personalizada, designa aquella categoría que nuestra doctrina política llama “unidad y solidaridad”. Esto implica revalorizar la labor de una prédica cercana, persuasiva, y antes que nada capaz de escuchar y aprender. Importa rescatar así la palabra que enaltece al hombre por sobre los otros seres de la creación y la evolución ya que, al evitar su tergiversación, puede expresar mejor el significado y sentido de nuestras convicciones y propuestas.

Aquí es imprescindible incorporar a nuestros criterios “lógicos” y “éticos” el valor innegable de una “estética” acorde a la prédica indicada, armónica y no beligerante, integradora y no desgarrante, que muestre los problemas y urgencias sociales sin una táctica de polarización alimentada en el resentimiento. Una estética que evite las falsas apariencias, la exhibición ostentosa y la hipocresía que es el lenguaje de la corrupción. Una pauta de imágenes orientada por la profundidad de la belleza, cuando está iluminada por el amor, el trabajo y la fidelidad a la condición humana.

Como solos somos incapaces de sobrevivir y realizarnos plenamente, apuntamos al equilibrio del nosotros social, en la compleja trayectoria de una existencia imperfecta, siempre vulnerable a los desatinos de una absurda vanidad. Y así llegamos nuevamente a comprender que no habrá posibilidad de cambios profundos y sostenidos si no renace, en todos los ambientes y sectores, el valor de la militancia política y social y se despiertan nuevas vocaciones territoriales de legítimo liderazgo.

La recuperación anhelada no podrá ocurrir en bloque, desde arriba, abarcando de pronto toda la vasta dimensión nacional. Por eso hace años que venimos bregando por una nueva construcción política con los criterios democráticos de contención y servicio social aplicados municipio por municipio, comunidad por comunidad. Es decir, respetando sus peculiares iniciativas e idiosincrasias que un centralismo obsoleto, más temprano que tarde, deberá reconocer. Será el momento esperado de un ciclo de actualización, que no es la juvenilia sin esfuerzo ni templanza, sino la intervención oportuna de la “generación intermedia” con responsabilidad de gobierno y conducción.

La opción preferencial de amor por los pobres inicia y culmina la arquitectura de este pensamiento social, especialmente considerando que los más pobres son los excluidos del trabajo, siendo éste la clave promotora de la dignidad personal y la organización comunitaria. Tal convicción nos desafía a crear y fortalecer las instituciones dedicadas a multiplicar el empleo genuino y tutelar las condiciones laborales y de vida de los trabajadores y sus familias. Organizaciones donde se pueda expresar con toda libertad la personalidad de cada integrante en sus múltiples manifestaciones. [13.8.13]

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