lunes, 12 de agosto de 2013

El liderazgo al estilo de los jesuitas. Orden Caballeros de Su Santidad el Papa "San Ignacio de Loyola".





La Orden de Caballería de las Américas
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)


INTRODUCCIÓN 

Ahora que el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, S.J. es el Papa, S.S. Francisco, se ha puesto de moda el hablar y escribir (o reverdecer escritos) sobre la “Compañia de Jesús”, que es la orden religiosa a la que él pertenece, y que fundó hace más de 450 años San Ignacio de Loyola.

Chris Lowney escribió un libro sobre “el liderazgo al estilo de los jesuitas” bajo la premisa de que hay mucho que podemos aprender y, ciertamente, que aplicar en las empresas de hoy.


Chris Lowney, seminarista jesuita durante siete años, abandonó la Compañía de Jesús un viernes de 1983 y luego comenzó una carrera al lunes siguiente en el Banco J.P. Morgan & Co., en donde trabajó por 17 años llegando a ocupar los puestos de director administrativo y miembro del comité administrador en Nueva York, Tokio, Singapur, y Londres.


ESPIRITUALIDAD IGNACIANA.

Dios actúa en el Mundo, no es un ser lejano. 
Los “Conceptos” de la espiritualidad Ignaciana son: 


“Magis”, “Discernimiento” e “Indiferencia”


Para los cristianos, espiritualidad se puede definir como una vida de acuerdo con el Espíritu de Dios. La espiritualidad Ignaciana se puede resumir en: Vivir amando más. 


Desde este deseo de crecer en mi capacidad de amar se me plantea continuamente la pregunta: ¿Cómo puedo estar más atento a los demás, vivir con más cariño, ser más solidario y servicial?

Dios no es un ser lejano o pasivo, sino que está actuando en el corazón de la realidad, en el mundo, aquí y ahora. Él trabaja y habita en toda la realidad, la naturaleza, el hombre, la historia. La espiritualidad de Ignacio de Loyola es activa; es un discernimiento continuo, un conocimiento del Espíritu de Dios actuando en el mundo, en forma de amor y de servicio.

Se trata, pues, de “ver a Dios en todas las cosas”, experiencia profunda que nos posibilita ofrecer una respuesta transformadora de realidades, vivencia de un Amor incondicional que invita a poner todas las capacidades al servicio de los demás.

“Creo que Él puede desmontar mis prejuicios, creo que puede cambiar mis hábitos, creo que puede superar mi falta de interés, creo que me puede dar fantasía para amar, creo que me puede dar valentía para hacer el bien y creo que puede penetrar y transformar todo mi ser” (Karl Rahner S.J.).

Magis El “magis” consiste en solamente desear y elegir lo que más nos conduce al fin para el que hemos sido creados. Por medio de este “más” (magis en latín) se trata de realizar la misión de la mejor manera posible, exigiendo siempre más, de manera apasionada.

Magis: (hacer más de lo acostumbrado). Esta expresión latina deriva de los Ejercicios de Ignacio: “Todos los que tengan juicio y razón se ofrecerán de todo corazón para esta obra, los que deseen distinguirse en servicio total deberán ir más allá. Deben dar siempre un poco más”.

En las características de la educación de la Compañía de Jesús se señala que debe entenderse el “magis”, en una dimensión pedagógica como el desarrollo de las capacidades individuales de cada persona en cada etapa de su vida, unido a la prontitud para continuar este desarrollo, a lo largo de la vida y la motivación para emplear al servicio de los demás las cualidades desarrolladas.

El magis no es simplemente una más en la lista de las características del jesuita. Las impregna todas. La vida entera de Ignacio fue la búsqueda de un peregrino hacia el magis, la siempre mayor gloria de Dios, el siempre más cabal servicio de nuestro prójimo, el bien más universal, los medios apostólicos más efectivos”.

Discernimiento 

El discernimiento tiene sus raíces en el entendimiento de que Dios siempre se manifiesta trabajando en nuestras vidas, invitándonos, dirigiéndonos, guiándonos y atrayéndonos a una vida plena. Su acción central es reflexión en los acontecimientos ordinarios de nuestras vidas.

Un concepto de origen bíblico y cristiano: la capacidad de captar por dónde mueve el Espíritu de Jesús a las personas y a los grupos. Es como una sensibilidad que ayuda a descifrar el significado o sentido de hechos y de sentimientos en orden a la acción y compromiso cristiano.

Discernimiento es una meditación llena de consideración o de reflexión de las decisiones de las personas que desean considerar. En su discernimiento, el enfoque de la persona debe estar en poner atención tranquila a Dios y sentir en vez de pensar.

La meta es de entender las decisiones de su corazón: de verlas como son, como Dios tal vez las ve. En un sentido, no hay límite en cuanto tiempo desee continuar con esto.

El discernimiento es una convergencia de muchos factores y todos necesitan sopesarse y evaluarse en la meditación. La mente de una persona tal vez le ofrezca un consejo sabio, pero, el discernimiento ocurre en el corazón.

Indiferencia 

Es la capacidad de pensar y decidir personalmente sin impedimentos exteriores o interiores. Ser libre de ataduras, condiciones personales e impedimentos sociales de expresión y acción. Libertad para elegir lo que más conduce a la propia realización en solidaridad con los demás.

Aprender a pensar libre y críticamente, favorecer la libre expresión de opiniones y sentimientos, así como la creatividad e iniciativa, buscar la verdad y el sentido de la vida, liberándose de prejuicios, falsas impresiones, ignorancia y temores.

Nuestro deseo es elegir lo que más nos conduce al fin para el que somos criados: vivir como personas en el amor y hacer que otros también lo vivan.

Hacerse indiferente es situarse con libertad ante todas las cosas, no eligiendo de antemano, por ejemplo, más la riqueza que la pobreza, el vivir aquí o vivir allá, el tener esta profesión o la otra. Porque todas las cosas son medios y ninguna es fin absoluto. Todo tiene un valor relativo menos el hombre y la humanidad.

Ser indiferentes es ser objetivos e imparciales, interiormente libres, ante todas las cosas, de manera que no nos esclavicen, y podamos, por consiguiente, desear y elegir lo que más nos ayude a crecer en nuestra personalidad y poder así alcanzar la felicidad a la que somos llamados, según el proyecto de Dios.

APORTACIÓN DE LOS JESUITAS AL CONOCIMIENTO DEL 
LIDERAZGO EN EL MUNDO ACTUAL 

Los Jesuitas entienden el liderazgo primero como auto-liderazgo, y luego, como una constante a lo largo de toda la vida.

Todo el mundo es un líder y está liderando todo el tiempo a través de cuatro pilares:

Autoconocimiento - Ingenio - Amor - Heroísmo

Conocimiento de sí mismo. 

Hacer el inventario de quién soy, a dónde quiero ir y qué me detiene.

Este viaje introspectivo comprende los siguientes aspectos:

Apreciarse a sí mismo como una persona amada, de dignidad y potencial únicos. Con el deseo de aprovechar al máximo sus dotes y evitar desperdiciarlos por pereza, falta de confianza en sí mismo una vida sin objetivo alguno.

Identificar fallas personales que impiden la realización de todo el potencial, especialmente debilidades que se manifiestan como vicios ó tendencias habituales.

Expresar metas y aspiraciones personalmente motivadoras, sin contentarse con ir a la deriva sino con un impulso incansable para imaginar si no habrá un proyecto más grande aún que realizar ó una manera mejor de resolver un problema actual. Vivir el “magis” que es ir siempre más allá de la meta.

Adquirir el hábito de actualizarse con regularidad, en efecto diariamente, en todos los conceptos anteriores (examen de conciencia).

El conocimiento de sí mismo nutre y arraiga las demás virtudes del liderazgo. El que descubre quién es, qué quiere y que defiende, ya ha dado el primer paso hacia el liderazgo heroico.

Quienes han señalado y extirpado sus debilidades y apegos esclavizantes están creando la indiferencia esencial para el ingenio. Nadie llega a dar de sí el máximo posible mientras no reconoce sus debilidades y trabaja para cambiarlas.

Ingenio. 

Los líderes se acomodan y hacen acomodar a los demás en un mundo cambiante. Tienen una combinación de adaptabilidad, audacia, rapidez y buen juicio.

Exploran nuevas ideas, métodos y culturas en vez de mantenerse a la defensiva ante lo que pueda esperarles a la vuelta de la esquina.

Afirmándose en principios no negociables cultivan la indiferencia o “desapego” a todo lo que los pueda distraer del fin último.

La indiferencia es la base del ingenio, libera al líder de los temores internos, impulsos y adhesiones que pueden controlar sus decisiones y acciones

No se puede tener creatividad si no se tiene libertad de pensamiento.

El ingenio predispone a las personas no sólo para pensar de una manera original sino para vivir de una manera original.

El ingenio lleva a las personas a arrancar de raíz todo temor a lo desconocido, el apego a la posición o las posesiones, prejuicios, aversión al riesgo, resistencia al cambio

Librándose de estos apegos esclavizantes que impiden exponerse al riesgo o la innovación, las personas se pueden lanzar con imaginación sobre las nuevas oportunidades.

Y mirando al futuro con optimismo, es más probable que podamos encontrar esas oportunidades y soluciones.

Loyola llamaba a esto “vivir con un pie levantado”, listo para ponerse en camino y para hacer nuevos caminos.

Amor. 
“Movido a profunda gratitud puedo ser capaz de amar”.

Loyola aconsejaba gobernar con amor y modestia; de manera que hubiera un ambiente de amor más que de temor. El amor era el pegante que unificaba a la compañía.

El liderazgo inspirado en el amor consiste en:

Tener visión, para ver el talento, potencial y dignidad de cada persona.

Valor, pasión y compromiso para desatar ese potencial.

Lealtad y mutuo apoyo resultantes que vigorizan y unen los equipos.


El amor comunica propósito y pasión al ingenio y al heroísmo.

La misión de ayudar a las personas es una abstracción estéril hasta que el amor la hace personal. El amor transforma la misión y la manera como acometemos nuestros trabajos.

Loyola decía “no debemos ayudar fríamente al prójimo ni con movimiento lento”, es decir, que les pedía acudir fervientemente a ayudar al prójimo en sus necesidades pero también ayudarle a su perfeccionamiento humano y espiritual.

Los líderes movidos por el amor ven un mundo de seres humanos de extraordinaria dignidad, sin miedo, sin codicia, que no engañan.

Viven con la premisa de que la gente da lo mejor de sí cuando trabaja para personas que ofrecen genuino apoyo y afecto.

Heroísmo. 

El primer acto de heroísmo es correr el riesgo de liderar. 

“Todos los que tengan juicio y razón se ofrecerán de todo corazón para esta obra, los que deseen distinguirse en servicio total deberán ir más allá”. Deben dar siempre un poco más ó “magis” en latín.

Los líderes imaginan un futuro inspirador y se esfuerzan para darle forma, en vez de permanecer pasivos a la espera de lo que traiga el futuro.

Los héroes sacan oro de lo que tienen a mano en lugar de esperar a tener en la mano oportunidades de oro. El heroísmo inspirado en el “magis” anima al hombre a poner alta la mira y lo mantiene dirigido siempre hacia algo más. Loyola exhortaba a los novicios en Italia a que en cualquier oficio que escogieran, no deberían contentarse con hacerlo a medias. Deberían concebir grandes resoluciones y provocar deseos de lograr grandes metas. El heroísmo hace a una persona soñadora y pragmática a la vez. Los líderes heroicos no esperan a que llegue el gran momento, se lanzan a captar la oportunidad que esté a su alcance y extraen de ella la mayor riqueza posible. El heroísmo está en la nobleza de comprometerse con una manera de vivir que se concentra en metas más grandes que uno mismo. Se fortalecen a sí mismos y a los demás, con aspiraciones heroicas.

DIFERENCIAS QUE DESTACAN EL ESTILO DE LIDERAZGO JESUITA 
 Todos somos líderes y dirigimos todo el tiempo.

El liderazgo lo define no sólo la magnitud de la oportunidad sino también la calidad de la respuesta. 
Uno no puede controlar las circunstancias pero si como responde a ellas. 
El liderazgo nace desde adentro.
Determina quién soy, así como qué hago
El medio más eficaz de liderazgo con el que cuenta el individuo es el conocimiento de sí mismo. 
La mayor fortaleza de un líder es su visión personal.
El liderazgo no es un acto. Es una manera de vivir. El liderazgo no es un oficio ni una función que uno desempeña en el trabajo, más bien el liderazgo es la vida real del líder. 
Sabiendo lo que valora y lo que desea realizar se orienta en cualquier nuevo ambiente y confiado se adapta a las nuevas circunstancias. Hacerse líder es un proceso continuo de autodesarrollo. 
El liderazgo es una tarea personal permanente en el cual el conocimiento de si mismo va madurando de manera continua. 
El ambiente externo y las circunstancias personales cambian, lo mismo que las prioridades personales. 
El líder fuerte acoge la oportunidad de seguir aprendiendo acerca de sí mismo y del mundo y goza con la perspectiva de nuevos descubrimientos e intereses.

Cualidades del liderazgo jesuita: 

  • Influyen en los demás con el ejemplo, sus ideas y sus enseñanzas. 
  • Los líderes están siempre enseñando y aprendiendo. 
  • Forman hombres y mujeres brillantes y eminentes. 
  • Se vigorizan con la misma ambición de sus metas heroicas. 
  • Son innovadores y atacan los problemas de maneras que sus anteriores colegas no imaginaron jamás.
  • Se dedican a la excelencia. 
  • Permanecen abiertos a las ideas nuevas aún en la vejez. 
  • Honran la verdad sin egoísmo.
Cómo se combina Todo: 

Conocerse a sí mismo facilita el ingenio. 
Quienes saben a dónde van y cuáles principios no son negociables, se liberan para una experimentación confiada y hasta radical. 
El ingenio realza el conocimiento de sí mismo. 
Las nuevas ideas, culturas y retos personales les ofrecían oportunidades sinfín de refinar dicho conocimiento. El heroísmo inspira ingenio. 
Cuando Loyola informó a los jesuitas portugueses que ninguna realización común y corriente satisfaría la obligación que tenían de sobresalir, creó expectativas heroicas que sólo podrían realizarse mediante un cambio e innovación a escala dramática.

Conocerse da origen al amor y al heroísmo

Sintiéndose seguros por la apreciación de su propia dignidad, desarrollaron aprecio de las aspiraciones y el potencial y la dignidad del prójimo. 
El conocimiento de sí mismos dio origen al amor que fomentó los esfuerzos heroicos de los equipos misioneros del Paraguay y de millares de maestros en escuelas y universidades desde hace 450 años.

CONCLUSIÓN-PREGUNTA 

En la visión de los jesuitas, “el liderazgo nace desde adentro y determina quién soy, al igual que cómo hago todo”… Realmente pensamos nosotros que nuestra capacidad de amar hace plantearnos continuamente la pregunta: “¿Cómo puedo estar más atento a los demás, vivir con más cariño, ser más solidario y servicial?”… ¿Nos llevaría esto a vivir una vida más centrada, alegre y plena?... ¡yo pienso que SÍ!



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