Mensaje del General de la Compañía de Loyola, y del Cuerpo Socorro Argentino. El porqué de la creación de nuestras Instituciónes.

SOBERANA COMPAÑÍA  DE LOYOLA


CUERPO SOCORRO ARGENTINO

TCNL D JOSÉ MARIA ROJAS ARGERICH


Desde el Concilio Vaticano II, se destaca cada vez más que el laico en la Iglesia Católica es una auténtica vocación. 

El contenido de esta vocación es la santificación de las obligaciones ordinarias del cristiano y, en primer lugar, las familiares. Así, la Constitución Dogmática Lumen Gentium afirma que su vocación consiste en "iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor" (n. 31). 


El Decreto conciliar Apostolicam Actuositatem indica que forma parte de esta vocación el apostolado, entendido como deber de acercar almas a Dios. Según este documento, "ejercen el apostolado con su trabajo para la evangelización y santificación de los hombres, y para la función y el desempeño de los negocios temporales, llevado a cabo con espíritu evangélico de forma que su laboriosidad en este aspecto sea un claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres" n. 2).


El 
Código de Derecho Canónico define al laico en su canon 207 con un criterio negativo: es laico quien no es 
clérigo.

Nuestra creación es respuesta concreta  a los pedidos y sugerencias realizados por la Compañía Universal (plasmadas en diversos documentos como la CG 34, Colaboración de los laicos en la Misión – , Proyectos de las Provincias SJ, y otros) de conformar un nuevo “Sujeto apostólico” en el que laicos y jesuitas colaboren conjunta y estrechamente en la Misión evangelizadora de la Compañía y de la Iglesia con un carisma y modo de proceder particular e ignaciano.

Esta necesidad de colaboración  surge, por un lado de la disminución del número de jesuitas, pero también, y principalmente, de la “invitación a desarrollar la vocación laical en la Iglesia colaborando, al modo ignaciano y según esta espiritualidad, en la Misión de Cristo”(1).

“La Congregación General 34ª , en su decreto n.13 sobre Colaboración con los laicos en la misión,

“La Congregación General 34ª , en su decreto n.13 sobre Colaboración con los laicos en la misión,empieza con la afirmación que ‘la Iglesia del siguiente milenio será la Iglesia del laicado” (n.1). Termina diciendo: 

‘La colaboración con el laicado es a la vez un elemento constitutivo de nuestro modo de proceder y una gracia que pide una renovación personal , comunitaria e institucional. Nos invita al servicio del ministerio de los laicos, a compartir con ellos la misión, a crear formas de cooperación’ (n.26). 

El decreto de la  CG 34  propone fundamentalmente una colaboración entre jesuitas y laicos basada en:

  • El compartir con ellos una herencia, especialmente de carácter espiritual, como son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.
  • Una colaboración de ‘doble mano’. Es decir, no solamente los laicos son llamados a trabajar en obras de la Compañía, sino que los jesuitas también son llamados a colaborar en obras comunes a jesuitas y laicos o en obras dirigidas y administradas por laicos.
  • Afirma también que, además de la formación que los jesuitas pueden ofrecer a los laicos, los mismos jesuitas también necesitan, a su vez, de una formación que les prepare para trabajar y colaborar con los laicos.
  • Una colaboración que se da a través de diversos tipos de asociaciones laicas promovidas por la Compañía y de otras formas de vinculación que describiremos más adelante, al hablar de las relaciones de los laicos con la Compañía de Jesús.
Para que laicos y jesuitas puedan trabajar en “comunión” se requiere  de ambos “la formación religiosa y espiritual y el necesario conocimiento de la espiritualidad y del carisma ignacianos, para que la colaboración pueda ser no sólo principalmente ‘institucional’ sino , sobre todo , una verdadera colaboración en la misión”. (4) pag16

En esta perspectiva, la Soberana Compañía de Loyola, y del Cuerpo Socorro Argentino reúne a  laicos y jesuitas  de los apostolados y obras fundadas en la espiritualidad ignaciana para  fortalecer la pertenencia e identidad de visión y misión,  acrecentar el compromiso en la colaboración tanto de jesuitas como de  laicos y  promover la formación laical en el carisma y espíritu ignaciano.

La Compañia genera espacios de encuentro entre jesuitas y laicos para reflexionar sobre los temas que hacen a la misión, ya sea referidos al contexto, a las acciones propias de los diferentes apostolados, las circunstancias sociales emergentes, la realidad de pobreza en que vive más de la mitad de la población mundial, la propuesta de proyectos puntuales.  

Godfrey de Bouillon, el líder de la Primera Cruzada. Fue elegido Rey de Jerusalén por los cruzados después de la liberación de la Ciudad Santa en 1099.



GENERAL 


En esta fecha en 1099, los nobles de la Primera Cruzada eligieron por unanimidad a Godfrey de Bouillon como Rey de Jerusalén debido a su valentía y piedad. Sin embargo, Godfrey no usaría una corona de oro en la ciudad donde el Salvador llevaba una corona de espinas. Entonces, por humildad, Godfrey declinó el título de rey y reinó simplemente como Advocatus Sancti Sepulchri (Defensor del Santo Sepulcro). En estos días modernos de pandemia y peste, es importante recordar que Godfrey sufrió enfermedades y aflicciones mientras estaba en una cruzada, pero a través de la oración y la perseverancia llevó a sus caballeros a la victoria. 

Esta fecha es una de las Fiestas en que todos los Caballeros y Damas de la Orden deben reflexionar sobre las virtudes que hicieron de Godfrey el modelo de la caballería cristiana. 

Don Carlos Gustavo Lavado Ruíz y Roqué Lascano 
General Orden de San Ignacio de Loyola

HACE 921 AÑOS, GODFREY DE BOUILLON Y LOS CABALLEROS DE LA PRIMERA CRUZADA TRIUNFARON EN EL ASEDIO DE JERUSALÉN Y RECUPERARON LA CIUDAD SANTA PARA LA CRISTIANDAD


COMANDER

En estos tiempos difíciles, cuando el mundo está plagado de una pandemia global que nos aflige como una plaga medieval, es importante recordar que, además de los peligros del combate, los Caballeros de la Cruzada también sufrieron enfermedades mortales que devastaron periódicamente sus filas sin los beneficios de la medicina moderna. 

Como General de nuestra Orden, exhorto a todos nuestros Caballeros y Damas a que se vuelvan a dedicar a nuestra vocación de caballero al contemplar los sacrificios de aquellos que emprendieron las dificultades y los peligros de la Cruzada y rezo por aquellos caballeros que hicieron el sacrificio supremo por la fe. 


General de la Orden de San Ignacio de Loyola

Mi tatarabuelo el ingeniero francés JUAN CONSTANTINO ROQUÉ FRUCHANSON, y DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD se vincularon a través de la historia urbana de la provincia de Córdoba y los lazos familiares de descendencia.

Juan Constantino Roqué Fruchanson (ingeniero francés radicado en Córdoba en el siglo XIX) estuvo emparentado y vinculado con la familia del ...