martes, 7 de julio de 2015

EL 9 DE JULIO DE 1816 NACIÓ UN PAIS ECONOMICAMENTE Y POLITICAMENTE SOBERANO. Por S.E. Cab Gran Cruz Don Andrés Mendieta OCSSPSIL - Periodista , historiador.




Bendición Apostólica SS el Papa Benedicto XVI

El pueblo de la Nación Argentina, el pueblo de la patria celebra este mes un nuevo aniversario de la Independencia Argentina. Para interpretar la estricta expresión del 9 de julio, se debe necesariamente remontarse aguas arribas y tener en cuenta los pensamientos iniciales del 22 y 25 de mayo de 1810.


Es decir, que el primer grito de emancipación dado por los hombres de mayo viene a fortalecerse en el Congreso realizado en Tucumán en 1816. 

La efervescencia de mayo, la independencia declarada en Tucumán y la instauración democrática de la república son etapas progresivas y sucesivas de un mismo anhelo, puesto en movimiento a estímulo de la emancipación. En ella debemos buscársele el comienzo de todos los sucesos históricos y también la fuerza animadora de los mismos. 

En nuestra historia colonial se fortifica de toda nuestra historia. Encontramos en la historia colonial desarrollado todo nuestro pretérito histórico. El 25 de mayo de 1810 y la Asamblea Constituyente de 1813 son los primeros movimientos donde se concentran el anhelo y la precisión de tres centurias de interés de los hombres que moldearon nuestra ciudadanía, quedando registrada nuestra autonomía de pacto, no de jurar. 

Por eso es la significación sobresaliente que tiene esta fecha del 9 de julio de 1816 en la historia argentina, no sólo por los esenciales contenidos que allí se frecuentaron y proveyeron, sino porque fue el tribunal donde las Provincias Unidas del Río de la Plata atribuyeron el movimiento insurrecto, que fue la revolución forense de 1810. 

Los procesos de la independencia de 1810 y 1813 faltaban de una conformidad oficialmente superior, y el 9 de julio de 1816 se sancionó la decisión de esos sucesos históricos, quedando apagada para siempre nuestra historia colonial y desde allí en adelante germinó una nueva nación, libre e independiente, a la faz del universo. 

Es necesariamente comprender la declaración de la independencia argentina de 1816 en su reiterado significado: como un movimiento realmente emancipador y como un movimiento predominantemente americanista, porque los hombres de 1816 tuvieron, como un sentido manifiesto, la democracia, es decir, la independencia para la nacionalidad y la libertad para el individuo, pero todo dentro de un contenido estricto de solidaridad americana. 

En el Congreso de 1816 se sancionó la independencia en su más amplio sentido, es decir, que los congresales de julio en Tucumán no sólo sancionaron la independencia política sino también la económica, porque no se concibe un país políticamente libre sin una economía libre. 

La vida del país corre en un sentido paralelo y se condensa en la historia de ese mismo país. Para que la historia de un país tenga un verdadero sentido nacional y para que cuente con la reverencia de los hijos del pueblo, es imprescindible que esa historia tenga un sentido nacional, es decir, que sea la historia firme de un pueblo digno, porque de lo contrario no podremos tener un país con las puertas abiertas al porvenir, no podremos tener grandeza en el país y no podremos tener, tampoco, un país que goce del respeto y de la veneración de todos los países del universo.



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