martes, 24 de marzo de 2015

CARTA DE DESPEDIDA DE DON OSCAR ROQUÉ GARZÓN (encontrada en su PC por su hijo Bernardo).





“Queridos amigos: 

Hoy están todos generosamente congregados aquí para despedirme. Yo también quiero despedirme de ustedes, para corresponder a vuestra presencia, la que atestigua que en la vida que hemos compartido nos ha unido un vínculo entrañable. 

Suena raro que justamente ante mis “restos”, como se denomina comúnmente al cuerpo sin vida de los muertos, yo les hable como si estuviese presente.

Es que en cierta forma aún no me he ido del todo. Con este cuerpo que pronto ustedes han de devolver piadosamente a la tierra, pude conocerlos y amarlos.

A través de él tuve la dicha de oírlos y de ser oído; y su corazón latió fuerte y su garganta se anudó más de una vez por muchos de los aquí presentes y por otros que no están.

Y aunque hoy ya no pueda expresarles a través de él estas palabras, sí hube de escribirlas con sus manos, cuando aún tenía vida. 

Ahora ya no estoy en él, porque a causa de su deterioro no pudo contener más a mi alma, y ella debió partir de regreso hacia la Casa del Padre, para esperarlo allá hasta el día de la resurrección.

Tampoco nosotros nos volveremos a ver, es cierto, hasta aquel día. Sé que eso duele, como toda separación. A mí me ha dolido antes que a ustedes, y por eso les dejo estas líneas, para que sepan que no sólo entiendo sino que agradezco cada lágrima que mi partida les cause. 

Quiero agradecerles todo lo que fueron para mí mientras éramos compañeros de viaje, y ahora especialmente vuestra presencia aquí, acompañándome en un momento ciertamente trascendente, como es el paso a mi última morada en la tierra, que es la tierra misma en la que mi parte material, o sea este cuerpo, ha de convertirse. “Acuérdate, ¡oh hombre!, de que eres polvo, y que en polvo te convertirás”, dice la sentencia del Génesis (3, 19) y se nos recuerda cada Miércoles de Ceniza. 

Ley inexorable para todos los hombres y que a partir de hoy se cumplirá en mí, como toda palabra divina. 

Pero no me lamento; celebro la vida con que Dios me permitió ser parte, infinitésima pero parte al fin, del misterio de la Historia.

Hoy ha concluido ese paso por el mundo; pero no lloréis por mí, porque sólo ha terminado mi tiempo: después que en el Purgatorio lave y planche mi traje de bodas para poder entrar al gran Banquete Celestial al cual todos estamos invitados, me espera el conocimiento de Dios mismo, en la eternidad. Ustedes me recordarán; algunos un tiempo, otros para siempre. 

Yo no los olvidaré en la nueva dimensión de mi existencia y en la medida en que me sea posible, pediré por lo que ustedes necesiten a la intercesora universal de todas las gracias, Nuestra Señora, la Santísima Virgen María.

También he de volver a encontrarme con mis seres queridos que dejaron el tiempo antes que yo, y sobre todo, se cumplirá un anhelo de toda mi vida, que es conocer a mi hermosa hermana Beatriz, a quien llevé siempre en mi corazón con un recóndito pero inmenso amor. 

No quiero demorar más mi camino al corazón de la tierra, a la que tanto he amado, ni vuestro regreso a sus hogares y a sus actividades cotidianas. Sirvan estas palabras de consuelo a quienes lo necesiten, de aliento, de esperanza para quienes continúan el camino de la vida, y de expresión de la Caridad, que es la que nos mantendrá unidos para siempre más allá de esta separación sólo física. 

Queridos hermanos: ¡Adiós! ¡Gracias por todo y que Dios los bendiga! 

Oscar 

PD: No olviden que como todo pecador debo pasar por el Purgatorio para limpiarme de todas las manchas que el paso por la vida ha dejado en mi alma a causa de mis faltas. Les pido encarecidamente sus oraciones, para que la Misericordia divina morigere su infinita Justicia y abrevie mis penas.  Gracias desde ya” 

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