miércoles, 9 de abril de 2014

“Arrupe. Testigo del siglo XX, profeta del XXI”, con prólogo de Adolfo Nicolás.






Quiénes somos 

Los Caballeros de la Orden, soldados de Dios, somos jesuitas laicos, somos hombres y mujeres de frontera, dispuestos a estar en aquellos lugares donde hay situaciones de injusticia, donde otros no pueden o no quieren estar, donde se puede tener un efecto multiplicador en bien de la misión. Hombres preparados para responder a las necesidades de nuestro mundo, solidarizándonos con las víctimas de esta historia y así acompañar a Jesús rumbo a la cruz. Somos Compañeros de Jesús, amigos para la misión, y estamos al servicio de la Mayor Gloria de Dios.

Orden Caballeros del Papa en América
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)


Este libro reeditado y enriquecido 25 años después, escrito por el jesuita Pedro Miguel Lamet, recupera la figura carismática del hombre que estuvo al frente de la Compañía de Jesús entre 1965-1983 y cuya persona y ejemplo siguen vigentes: “Se adelantó a su tiempo con potente inspiración, intuición y visión profética”.

Vuelve a ser reeditado por el sello Mensajero con novedades importantes a la primera edición. La principal, son las palabras y los recuerdos expresados por el actual superior de los jesuitas, Adolfo Nicolás, en su prólogo ‘El magis del padre Arrupe’. En él traza el perfil de un hombre adelantado a su tiempo y cuya persona y ejemplo siguen vigentes. “Sus convicciones y propuestas, que nacen de la autenticidad de su vida, responden más que nunca a la problemática actual y a los desafíos del siglo XXI”. Adolfo Nicolás, que como él fue provincial de Japón y pasó en Oriente la mayor parte de su vida apostólica, desgrana sus recuerdos personales, virtudes y convicciones: “Vivía lo que creía, irradiaba lo que predicaba. Estaba convencido de que evangelizar, antes que hablar, es ser”. Su mandato (1965-1983) marcó un hito en la historia de la Compañía de Jesús con “palabras llenas de inspiración, de visión profética y de intuición penetrante”. El jesuita, poeta, periodista, novelista y biógrafo Pedro Miguel Lamet recobra la biografía que escribió en vida del padre general dedicándosela a “A los refugiados, prófugos y drogadictos de todo el mundo, a quienes Pedro Arrupe dedicó sus últimas energías y proyectos”.

En la introducción recuerda el proceso de elaboración y redacción de la que se convirtió en la primera biografía del prepósito. “Me siento sólo un mediador entre el lector y el padre Arrupe”, dice el escritor que en su día reunió la documentación del protagonista y tras la revisión 25 años después, incorpora un amplio material gráfico y datos complementarios.

Para ello, se sirve de una base documentada en ocasiones inédita, sobre todo en lo que se refiere a los conflictos acaecidos durante las dos congregaciones generales, la dimisión de Arrupe, su espiritualidad y aspectos de su gobierno en los diversos continentes. “Incorporo los mejores fragmentos del diario personal de su hermano enfermero, Rafael Bandera, que le atendió día y noche durante casi diez años de postración y silencio”, añade.

Suma, además, parte de su diario de conversaciones con el padre Arrupe durante el verano de 1983. “En anteriores ediciones los callé para responder como merecía a la delicadeza con que dejó a mi libertad y responsabilidad publicarlos o no: «Decida usted de todo esto lo que conviene publicar».

Lamet se anticipa a dos objeciones. Una hace referencia a si el padre Arrupe carecía de defectos y argumenta que esos posibles defectos constituyen para otros sus grandes virtudes. Y por otro lado, si más que una biografía objetiva, ha escrito una hagiografía. “No niego que fue escrito con pasión, entusiasmo y cercanía casi periodística a los hechos. No se pueden ocultar fácilmente el amor y la admiración. Pero, al mismo tiempo, enseguida podrá apreciar que aquí se cuenta todo: los éxitos y los fracasos de Pedro Arrupe; su optimista visión del mundo y su noche oscura; su amor y su dolor; su fe y su drama; las tesis de sus amigos y las de sus enemigos”.

Con todo aclara que una biografía es sólo una aproximación al misterio de un ser humano, lo es más aún en el caso de un hombre de tan intensa actividad y profunda vida interior como el padre Arrupe. “Solía él decir que ‘la biografía más interesante es la que se escribe sin tinta’. La afirmación sigue siendo verdadera. Porque, como también decía Pedro Arrupe, “lo más decisivo e importante de una vida es incomunicable”.


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