viernes, 14 de febrero de 2014

EL SENTIDO RELIGIOSO Y LAS REDUCCIONES. Durante los 160 años de las Reducciones, los Guaraníes de ellas nunca mataron ni siquiera a un solo jesuita. En toda la historia conocida, este fenómeno debe ser único. Si los guaraníes no hubieran estado contentos con la presencia de los jesuitas como guías, hubiera sido facilísimo para ellos asesinarlos. Parece evidente que los Guaraníes los consideraban como "padres muy buenos".






Quiénes somos 

Los Caballeros de la Orden, soldados de Dios, somos jesuitas laicos, somos hombres y mujeres de frontera, dispuestos a estar en aquellos lugares donde hay situaciones de injusticia, donde otros no pueden o no quieren estar, donde se puede tener un efecto multiplicador en bien de la misión. Hombres preparados para responder a las necesidades de nuestro mundo, solidarizándonos con las víctimas de esta historia y así acompañar a Jesús rumbo a la cruz. Somos Compañeros de Jesús, amigos para la misión, y estamos al servicio de la Mayor Gloria de Dios.


Orden Caballeros del Papa en América
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)

Una reducción es el lugar donde se vive la memoria. Una comunidad cristiana que vive en el nombre de Cristo y por tanto realiza inevitablemente un modo de convivencia, un clima y un ritmo humano diferente que genera novedad. La experiencia auténticamente cristiana que vivían los jesuitas, despertaba en ellos una pasión por todo lo humano que existe y que solo puede llegar a su plenitud en el encuentro con Cristo. La vida del indígena estaba determinada por la conciencia de la existencia de "la tierra sin el mal", esta conciencia era el motor de todas sus acciones.

El encuentro de jesuitas e indígenas genera una comunidad, que nace por un lado, de la certeza que movía a los jesuitas de que Cristo es la única respuesta al corazón del hombre, y por parte de los indígenas, la sencillez en el reconocer la correspondencia de aquella propuesta con el grito del corazón de cada uno de ellos. Las reducciones son el fruto de corazones conmovidos por el encuentro con Cristo que transfigura tiempo y espacio en una novedad de vida. El único compromiso del hombre cristiano es con Cristo, que se realiza en su relación concreta con la realidad. Pues así también solo a través de ella éste percibe la manifestación del Misterio, dentro de las circunstancias en las que se encuentra. Así mismo, la relación de cada jesuita con Cristo se expresaba en el cotidiano vivir, en el tomar en serio la realidad de aquellos indios conforme a lo que le definía a cada uno de ellos: el corazón, ese deseo de significado, de plenitud, de felicidad, de verdad, justicia y belleza que buscaban, la "tierra sin el mal" que los hacía nómadas, errantes, y que encuentra su equilibrio en la pertenencia a aquella compañía, a aquella presencia que genera porque es generada. La humanidad de cada jesuita expresaba en concreto, el "yo soy Tú que me haces", pues cada acción estaba determinada por la presencia real y concreta de Cristo en el rostro mismo de aquellos indios, y no por un eficientismo, la afirmación de la propia capacidad, el voluntarismo o un ejemplarismo cristiano, sino por el amor a la verdad de aquella realidad (espacio físico-temporal) y de cada uno de esos indios.

El principio: "Dar testimonio de la fe es el quehacer de nuestra vida. Porque el cristiano tiene una tarea específica en la vida, que no consiste en el ejercicio de una profesión determinada, sino en la fe.

Hay que dar testimonio de la fe desde la entraña del propio estado de vida... Para esto hemos sido escogidos" (Monseñor Luigi Giussani).

Los jesuitas son el testimonio de la fe vivida en modo verdadero, una fe que se hace cultura, que entra en la vida misma. Porque la fe es el reconocimiento de Cristo como salvación presente en la historia y en la existencia, que se ocupa no sola del más allá, sino que en primer lugar mira al hombre, a todo hombre con el máximo realismo, porque el cielo significa la verdad de la tierra hecha manifiesta, Esta mirada sobre el hombre -en este caso el indio y su realidad- es desde una perspectiva totalizante, que reconoce la dignidad de la persona, su valor, no en lo aparente y puramente superficial sino en aquello que lleva dentro, eso que le mueve, y le hace nómada, mendigo del destino, en busca de aquello que es su consistencia, eso que es la estructura misma del hombre: su corazón, el corazón, que es grito de lo eterno.

Dentro de esta perspectiva, se entiende la labor de los jesuitas que viviendo la fe, se ven empujados a generar en corresponsabilidad con los indios, una comunidad en la que la humanidad, la personalidad de cada uno se ve acrecentada en la compañía continua y en todos los detalles de uno que guía, que hace de maestro: el padre jesuita, y por tanto no sustituye sino que hace crecer, exaltando la diversidad en la unidad de una misma compañía que tiene por único criterio: la gloria humana de Cristo.

Las Reducciones fueron el acontecer del mismo ímpetu misionero, de los primeros cristianos y también de la misma forma de vida de la que hablan los hechos de los apóstoles. Podríamos decir que lo que hoy parece un gran problema, porque es un problema ideológico, el problema de la inculturación, para los jesuitas nunca existió. El método cristiano es solamente uno: el método de la Encarnación. La cultura, cualquier cultura encuentra en el "Verbo hecho carne" su valoración y cumplimiento. Los principios que sostuvieron este método y todo el trabajo cultural y por ende la capacidad de ensimismarse con la cultura guaraní fueron una regla viva que ayudaba el camino de fe de los indios. El éxito de esta intensa vida cristiana, en la cual la fe tenía que ver con todo, creó el cristianismo feliz en la selva.

La experiencia jesuítica nunca fue una forma de espiritualidad o enseñanza, sino el reacontecer del método cristiano, del método que Dios usó para hablar a los hombres: envió a su hijo, nacido de una mujer para divinizar lo humano. De esta catolicidad, es decir, de esta capacidad de hablar al corazón del hombre, los jesuitas supieron valorar todo lo humano que había en los indios, y lo adoptaron a la estructura socio-política de la vida de las Reducciones: en lo político, la permanencia del Cacique en el pueblo misionero, signo cultural importante de la tradición guaraní; en el campo social y urbanístico, la disposición de los pueblos misioneros con la innovación de las viviendas familiares pero construidas respetando el sentido de unión de la tradicional vivienda colectiva guaraní anterior a las misiones; y en lo religioso, la identificación del Dios cristiano con el nombre del dios guaraní "Tupa". Los beneficios se dieron de ambas partes: con el intercambio de tecnología no sólo se beneficiaron los guaraníes con una mejor vivienda y alimentación, una producción y administración de más recursos, y de seguridad personal (para los indios); un amplísimo acervo botánico y el uso medicinal de muchas plantas (beneficio adquirido por los jesuitas).


¿CÓMO SE ORGANIZABAN LAS REDUCCIONES? 

Evidentemente, al principio de las fundaciones hubo ensayos. A pesar de experiencias previas en otros países, y también en el Paraguay, no había ningún plan prefabricado platónicamente. También, durante los asaltos de los bandeirantes, la vida de las Reducciones era más bien una sobrevivencia que algo ideal.

Miles de documentos prueban que las Reducciones dependían del imperio español, por medio del Virrey, y más inmediatamente del Gobernador local (inicialmente de Asunción, más tarde de Buenos Aires). De hecho pagaban tributo anualmente a la Corona.

ORGANIZACIÓN INTERNA 

Dentro de cada Reducción el gobierno "civil" estaba bajo el Cabildo. Era elegido anualmente. Antes, los guaraníes habían tenido el sistema de Caciques, y solamente en caso de guerra elegían un comandante general. En las ciudades fue necesaria una autoridad central. Dentro del sistema urbanístico había un corregidor (presidente del tribunal de justicia), un teniente - corregidor, dos alcaldes (jueces), regidores (delegados de cada barrio), un alférez real (portaestandarte y jefe militar), un secretario, y alguaciles (policías). Subordinados al Cabildo hubo varios administradores.

El corregidor, propuesto por los caciques y los padres de cada Reducción, era nombrado por el Gobernador. Los demás cabildantes, como los oficiales subalternos, eran elegidos cada año.

El sistema penitenciario, muy humano en comparación a los sistemas europeos de esa época, buscaba más la corrección del culpable que su punición (justicia medicinal más que punitiva). Todo estaba jurídicamente bajo el corregidor y los alcaldes. Sin embargo, un Padre siempre estaba presente para proteger al culpable contra excesos de punición. La "República" de las Reducciones fue, como se ha indicado por varios autores, la primera sociedad que no usó la pena capital (la segunda fue el gran ducado de Toscana, en Italia, en 1786, solamente unos 20 años después de la expulsión de los jesuitas de América).

Tampoco es fácil determinar exactamente las funciones de los dos jesuitas en cada Reducción. Como las Reducciones fueron, como hemos visto, en primer lugar, "doctrinas" o "misiones", es evidente que el papel de los padres (y hermanos jesuitas, que normalmente cuidaban de las cosas "prácticas": medicina, dirección de agricultura y de arquitectura, y otros asuntos de la vida "moderna", desconocidos por los indios, que antes habían sido semi-sedentarios en un estado mesolítico o del principio del neolítico), fue principalmente el de "sabios consejeros". Su autoridad era lo que llamaríamos "moral", más que estrictamente "jurídica". Existían: un cura rector o Pa'i Tuya, que era el que tenía mayor responsabilidad en la planificación de la economía, de las construcciones, los aspectos administrativos de la reducción; y un cura doctrinero o Pa'i Miní, que tenía más responsabilidad en cuestiones de orden espiritual, catequesis, atención a los enfermos, servicio religioso. En las reducciones había también dos o tres hermanos. En una población de tres a siete mil habitantes, los religiosos no pasaban de tres a cinco.

Durante los 160 años de las Reducciones, los Guaraníes de ellas nunca mataron ni siquiera a un solo jesuita, sin embargo, y como contraste, fuera de las Reducciones han sido 26 los jesuitas muertos por otros indios o bandeirantes, En toda la historia conocida, este fenómeno debe ser único. Si los guaraníes no hubieran estado contentos con la presencia de los jesuitas como guías, hubiera sido facilísimo para ellos asesinarlos. Parece evidente que los Guaraníes los consideraban como "padres muy buenos".

"La experiencia de la autoridad, -como dice Don Luigi Giussani-, surge en nosotros, -y también para los indios-, como encuentro con una persona rica de conciencia de realidad; así que entonces ella se impone a nosotros como reveladora, nos genera novedad, estupor, respeto, Existe en ella una atractiva inevitable, y en nosotros una inevitable adhesión".

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:  Padre Aldo Trento SJ.

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