martes, 3 de diciembre de 2013

El papel de la estructura y la infraestructura en la reducción de desastres (tifón Yolanda Haiyan Filipinas). Por el Padre Pedro Walpole, SJ.




Quiénes somos 

Los Caballeros de la Orden, soldados de Dios, somos jesuitas laicos, somos hombres y mujeres de frontera, dispuestos a estar en aquellos lugares donde hay situaciones de injusticia, donde otros no pueden o no quieren estar, donde se puede tener un efecto multiplicador en bien de la misión. Hombres preparados para responder a las necesidades de nuestro mundo, solidarizándonos con las víctimas de esta historia y así acompañar a Jesús rumbo a la cruz. Somos Compañeros de Jesús, amigos para la misión, y estamos al servicio de la Mayor Gloria de Dios.


Orden Caballeros del Papa en América
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)



En la actualidad existe conciencia de que tras el tifón Yolanda (Haiyan), que golpeó el centro de Filipinas el pasado 8 de noviembre de 2013, las infraestructuras se vinieron abajo, y no sólo las carreteras y puentes, sino también las telecomunicaciones, la energía, el agua y el transporte. Las estructuras económicas, que coexisten con la pobreza de subsistencia también se derrumbaron, y ahora el reto inmediato para la gente es construir estructuras habitables a modo de vivienda. El desafío al que se enfrenta el país es la estructuración de toda una respuesta que construya ciudades y pueblos sostenibles como una realidad, más allá de realizar actuaciones arquitectónicas para salir del paso.

Unos veinte días después de la tragedia, hay más de 5.500 muertos, alrededor de 1.700 desaparecidos y 26.000 heridos, aproximadamente 11 millones de personas afectadas en unos 12.000 barangay (villas), 44 provincias, 580 municipios y 57 ciudades. Hay alrededor de 3,5 millones de personas desplazadas (con 3,3 millones atendidos fuera de centros de evacuación y 226.000 fuera), 1,15 millones de viviendas dañadas, 13,2 mil millones pesos filipinos (301 millones de dólares $ EE.UU.) en daños a infraestructuras, y contabilizándose el valor de los daños a la agricultura en 11,4 mil millones de pesos filipinos (260 millones de dólares $ EE.UU.). La alimentación a la población, el agua y las comunicaciones están parcialmente restauradas, el aeropuerto y el puerto marítimo están funcionando mínimamente. (Fuente: NDRRMC Update, SitRep No 45 Efectos del tifón “Yolanda” (Haiyan), 27 de noviembre de 2013, 6:00 pm).

El Banco Central de Filipinas y otros bancos de inversión globales son unánimes al decir que, si bien va a ver un esperado impacto negativo del tifón sobre la economía de Filipinas para el cuarto trimestre, el impacto global sobre el crecimiento de la economía es “manejable.” Sin embargo “manejable” es una palabra inapropiada para lo que el tifón puso al descubierto y que puede ser visto como de los mayores desastres, y para lo que nuestro país tiene que estar mejor preparado y responder mejor.


Ahora que el presidente Aquino ha pedido un plan integral para rehabilitar y reconstruir las zonas dañadas por el tifón, es imprescindible que este plan no se aborde como una forma de negocio, como suele ser lo habitual, y que no se trate sólo de reconstruir, sino realmente que suponga una construcción mejor. Los elementos clave identificados por el grupo de trabajo son la vivienda y la reconstrucción, restauración de energía, medios de subsistencia y el empleo, el reasentamiento y la atención psico-social, la protección del medio ambiente, y la generación y asignación de recursos.

Algunos gobiernos locales que lograron la evacuación previa al desastre con mayor eficacia lograron que el desastre se redujera en gran medida en sus áreas. Este es un punto de aprendizaje y es una referencia útil para la reestructuración de la capacidad del gobierno local.

Debería elaborarse una lista coherente de las capacidades que los gobiernos locales deben tener para la preparación, respuesta, rehabilitación y recuperación, así como para la prevención y mitigación, y es donde el dinero puede ser utilizado más eficazmente para aliviar el desastre, a través de los fondos ordinarios del tesoro nacional, y la Asignación de Impuestos Internos. Una capacitación sencilla, por ejemplo, es la purificación del agua. Un litro de agua de bebida puede ser desinfectada simplemente poniendo cuatro gotas de yodo, como Povidone-Iodine/10% (Betadine ®), y dejar reposar el agua durante una hora. Hubo una falta tal de agua durante días, como si se hubiera olvidado de este enfoque de capacitación sencilla.

Yendo por la ola de escombros que dejó el tifón en la orilla, fue significativo observar que el material con las que se construyeron las casas en su día lo compone principalmente madera delgada de unos 5×5 cm, madera en rollo y piezas de madera contrachapada, que ahora están siendo reutilizadas para la reconstrucción de refugios familiares. Lo que fue más evidente en los restos fue la ausencia de madera gruesa 10×10 cm 15×15 cm que daría una verdadera estructura a una vivienda. Los cimientos y la estructura de los edificios, en particular la separación de vigas en el techo, deben ser revisadas para las nuevas viviendas de bajo costo. Si el gobierno dice que no va a haber alojamiento a lo largo de la costa nunca más, tiene que realizar una asignación de tierras que permita a la comunidad seguir faenando en la pesca. Obviamente, el costo de la asignación de tierras no puede ser asumido por las personas que tienen medios de vida basados en la subsistencia, por lo que se tienen que diseñar estrategias y llevar a cabo un proceso que responda a esta situación.


El departamento de educación está ya listo para lanzar sus directrices sobre el uso de las escuelas como centros de evacuación, ya que hay una preocupación por la alteración de las clases de los alumnos porque parte de la recuperación de una comunidad es que los niños puedan volver a la escuela lo más pronto posible. Los edificios escolares, en general, permanecen ocupados durante mucho tiempo después de un evento como éste, y las escuelas también necesitan ser rehabilitadas. Las escuelas con un segundo piso, y que no están en la línea de la playa de Tacloban, en otros municipios, eran estructuras seguras y eficaces como cualquier otro edificio que sigue un diseño específico.

Moviéndose a través de los escombros y revisando las piezas de las estructuras que aguantaron la fuerza del tifón obtenemos mucha información acerca de cómo no podemos volver a construir, y que estrategia tenemos que adoptar para que no nos veamos abocados a ser empujados a la zona cero siempre que haya un fenómeno natural de un calibre similar.

Actualmente existe mucha atención y un enfoque nacional en reconstruir las ciudades de Tacloban y Ormoc, pero no hay que olvidar que no solamente sufrieron estas dos ciudades. También sufrieron una red de municipios rurales claramente retrasados, en parte porque no tienen una voz a nivel de política central, en parte porque no tiene una clase media importante, y también porque en su origen rural, se consideran capaces de cuidar de sí mismos, es decir, de subsistir.

Esto, sin embargo, ha sido un error constante desde el siglo pasado hasta hoy, ya que la gente ha vivido de una forma de vida basada en la subsistencia, tanto en la costa como en las tierras altas en provincias marginales como Samar, Samar del Este, Leyte y Leyte del Sur, entre otras. Esta forma de vida está muy expuesta a calamidades naturales, por lo que ahora es un desastre económico y social para aquellas personas que viven de la agricultura de subsistencia y la pesca. ¿Cómo se puede estructurar una red activa y con iniciativa en la sociedad rural filipina que propicie alternativas, estilos y medios de vida más seguros a las personas para que prosperen?


Ahora estamos entrando en una fase de transición post-desastre, cambiando el enfoque de alivio inmediato, ya que la ayuda de emergencia se está cumpliendo, aunque de manera todavía insuficiente, para un período provisional de respuesta donde se construyen refugios y servicios. También nos estamos enfilando hacia una fase inicial de subsistencia a tres meses vista, y con una duración de dos años, con la producción de vegetales, que será de cinco años para aquellos que se dediquen al cultivo de coco. Las comunidades pesqueras necesitan barcos, pero todas necesitan una mayor inversión económica.

“Livelihood” es un término inglés que describe un concepto de medio de vida que tiene en gran medida una connotación rural, y que define cómo se mantienen unidas las cosas dentro de una estructura de gestión de la familia frente a un profesional que no se referirá a su trabajo como un medio de vida. Este término tiene una integridad mucho más social y ambiental. Desafortunadamente, muchos de los pobres urbanos apenas pueden rozar el concepto de tener un medio de vida, ya que están por debajo del radar de la economía urbana estructurada. Estos son los ciudadanos con medios de vida informales que realmente mantienen la economía en muchos aspectos a flote debido a las prácticas deficientes de trabajo, los mercados locales, vendedores ambulantes, basureros, vendedores de chatarra, y otras fuentes informales que les permiten obtener dinero en efectivo.

También hay un creciente sentido de la participación global en la comprensión de la manera de diseñar ciudades y pueblos, y no sólo responder a los desastres con lo mejor que la comunidad mundial puede ofrecer. Filipinas puede responder a una nueva visión que no es un idealismo, sino un realismo de las ciudades y pueblos sostenibles que necesitamos.

Fuente: Ecología y Jesuitas en comunicación.

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