jueves, 15 de agosto de 2013

'Sí, Francisco renovará la Iglesia'. Adolfo Nicolás, superior de la Compañía de Jesús, habló sobre su amigo y compañero jesuita: SS el Papa.



La Orden de Caballería de las Américas
Los Jesuitas conquistaron Sud América para la Iglesia de Roma 
(dijo Lord Maculay)

El español Adolfo Nicolás era, hasta marzo de este año, el ‘jefe’ del hoy papa Francisco. Desde el 2008 es el prepósito general de la Compañía de Jesús, a la que pertenece el pontífice. Nicolás, de 77 años y máxima cabeza de una de las órdenes religiosas más importantes e influyentes del mundo –conformada por cerca de 18.000 sacerdotes–, está de visita en Colombia.

Vino a participar en un congreso de antiguos alumnos jesuitas, en Medellín, y a revisar asuntos internos de la comunidad. En entrevista con EL TIEMPO habló sobre su amigo, el papa Francisco, a quien considera un hombre auténtico y valiente capaz de lograr la renovación que, según él, tanto necesita la Iglesia católica.

¿El carisma del papa Francisco obedece a su personalidad o a su formación como jesuita? 
Son ambas cosas. Ya se sabe que cuando era arzobispo en Buenos Aires era muy cercano a la gente y usaba medios públicos de transporte. Él es consistente con lo que ha sido siempre. Pero eso es solo una parte, porque es jesuita y está metido profundamente en la espiritualidad de San Ignacio, y eso se nota en sus discursos y homilías, en la manera en la que enfoca los problemas; ahí se nota muy profundamente la espiritualidad jesuita. ¿Se puede decir, tal vez, que este pontificado tendrá una línea jesuítica?.

Yo no diría eso. Él va a seguir la línea que mejor crea para la Iglesia. En eso es un hombre de gran libertad y no va a seguir dictados de nadie. Pero en su manera de ver los problemas, o de buscar soluciones, evidentemente influirá su formación jesuítica. ¿Hasta qué punto influirá? Eso no lo sabemos.

¿A Bergoglio lo escogieron porque necesitaban a un jesuita como papa? No creo que el factor jesuita haya sido muy influyente. De hecho, hay muchas bromas que corren por Roma. 

Por ejemplo...

Por ejemplo –es peligroso dar un ejemplo a un periódico–, a un cardenal le preguntaron: ‘¿Cómo habéis escogido a un jesuita?’. Y respondió, en broma: ‘Si hubiera sabido que era jesuita, no hubiera votado por él’. ¿Qué buscaban, entonces?

A un cardenal que viniera de fuera de la curia; creo que el sentimiento de reformar la curia era muy claro, y el mismo Francisco ha dicho que todo lo que está haciendo es responder a lo que salió en las congregaciones generales, que son esas reuniones de cardenales en el cónclave. Querían a alguien de fuera que pudiera estudiar los problemas con más libertad, sin ningún ligamen.

Un papa revolucionario..

Ha sido un gran arzobispo, muy cercano a la gente, muy tradicional en su doctrina pero con la valentía y la creatividad de responder de manera nueva a las necesidades de estos tiempos.

¿Qué representa para los jesuitas tener un papa, teniendo en cuenta todos los problemas que han tenido, durante siglos, con la curia? Para mí, es mucho más fácil tener ahora un papa que me entienda, no tener que medir las palabras porque las entiende al estilo jesuita. Cuando nos encontramos hay una tranquilidad de poder hablar. Y eso es muy bueno, muy refrescante.

¿Usted cree que el papa Francisco realmente puede transformar la Iglesia? 

Creo que sí. Por su personalidad: es un hombre muy valiente, es consciente de los problemas y ahora está tratando de consultar, de ver los distintos aspectos que tienen los problemas y de tomar decisiones. No les tiene miedo a las decisiones, o sea, tomará decisiones y hará cambios que no pueden ser nunca totales, porque hace falta preparar la mente de la comunidad para hacer esos cambios. Una persona no puede cambiar el mundo. Creo que después de una reunión con los cardenales, en octubre, habrá decisiones.

¿Qué tipo de decisiones? 

Hay una cosa muy clara que salió del cónclave: la reforma de la curia. La curia vaticana está organizada para ayudar al papa en el gobierno de la Iglesia. Pero a veces, porque el papa ha estado ocupado en otras cosas, las congregaciones (los despachos vaticanos) tienen una tendencia a cierta autonomía. Esta autonomía no es buena para la Iglesia. Los mismos cardenales se quejan de que no hay comunicación en las congregaciones

¿Modificar las congregaciones vaticanas? 

Es algo que el papa ya está tomando en sus manos, y está actuando directamente. Antes todo tenía que pasar por la Secretaría de Estado, y ya no; esa es una de las cosas que están cambiando.

¿Qué otras cosas puede cambiar en el Vaticano? 

Tendrá que estudiar y discernir, por ejemplo, cuestiones sobre bioética, de vida cristiana, pastoral, de matrimonios y divorcios. Creo que ahí él va a actuar de una manera muy pastoral al servicio de la gente y creo que va a ser una bocanada de agua fresca. Pero, por más liberado que sea, no se pueden esperar grandes cambios, como que vaya a levantar el celibato o el sacerdocio para las mujeres...

Es verdad. No se puede esperar el oro y el moro: porque tenemos un nuevo papa no podemos esperar que haga todo lo que nos gusta. Él va a ser muy fiel a lo que considera importante en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, estará abierto a estudiar temas nuevos. Pero estudiar no significa tomar decisiones.

¿Cuáles cree que son los problemas de la Iglesia? 

Son los mismos de la humanidad: el hambre, la pobreza, la violencia, la guerra, la paz; la falta de sentido, de alegría y esperanza.

¿Y cuáles son los retos? 

Son los retos del hombre de la calle, que quiere vivir humanamente, pero las situaciones de injusticia, de desigualdad, de falta de atención a los débiles hacen que nuestras sociedades estén estructuradas de una manera muy difícil para los débiles. Creemos que esos retos tocan directamente nuestra vocación cristiana y, por lo tanto, estos nos preocupan.

Al superior de los jesuitas lo conocen como el ‘papa negro’ ¿Cómo es llevar ese título? 

No es muy bueno. Lo llaman ‘papa’ porque supuestamente tiene mucho poder, y el poder no tiene valor evangélico ni religioso; y negro, porque vestía de negro. Pero el color no tiene ningún valor religioso. La primera vez que fui a África, en Costa de Marfil, se me acercó un negro y me dijo: ‘Estoy un poco desilusionado porque nos dijeron que venía el papa negro, pero usted no es negro’. Por su estilo liberal y de mente abierta, los jesuitas han sido considerados como el ala rebelde de la Iglesia católica. ¿Son rebeldes? Sé que en la percepción de muchos se ve como si fuéramos rebeldes, pero lo más interesante en nuestra vida no es la rebeldía, sino no tenerles miedo a los problemas. Si hay una situación nueva y un problema nuevo, hay que estudiarlos; esa capacidad de abrirse a problemas nuevos y estudiarlos, para muchos, ya es rebeldía.

¿Qué problemas nuevos? 

Cómo están cambiando la civilización y la cultura, por ejemplo.

¿Reconoce que los jesuitas han sido incómodos para algunos sectores? 

Que seamos incómodos, sí, lo reconozco; todo intelectual es incómodo. Es incómodo el que es honesto y está abierto al cambio, el que analiza problemas nuevos y hace pensar, porque pensar no es la moneda que a todos les gusta, porque pensar trae dificultades. Pero si es jesuita, espero que sea un pensador. Y nuestra formación va directo a eso: a profundizar en teología, filosofía, en todas las ciencias, en las artes, en cualquier tema moderno o antiguo. Eso es parte de la vida humana, y creemos que la iglesia necesita estar abierta a todo.

¿El papa es consciente de esa incomodidad? 

Sí, y en ese sentido es muy jesuita. Dice: ‘Prefiero una Iglesia con problemas antes que una Iglesia dormida, en la que no pase nada. El que duerme no crea problemas. El que está despierto y hace preguntas, sí. 

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