COMPAÑÍA DE LOYOLA . SU CREADOR Y GENERAL D CARLOS GUSTAVO LAVADO RUÍZ Y ROQUÉ LASCANO Ph.D. POR S.E. CAB D ADOLFO "VASCO" ZABALZA.

BENDICIÓN DEL XXX SUPERIOR GENERAL DE LA 
CURIA GENERALIZIA DELLA  COMPAGNIA DI GEZÚ


Compañía que fuera creada 

para seguir el camino, 

de aquel santo peregrino 

de la tierra vascongada, 

aquel que dejo su espada 

para servir al Señor, 

aquel que le dio su amor 

hasta el final de sus días, 

sin saber que un día sería 

de los vascos, Protector. - 

 

La Jesuita Institución 

ve en la justicia social, 

lo que el Santo General 

abrazaba con pasión, 

hoy esta Congregación 

con sus rangos militares, 

deja al pie de los altares 

su Espíritu de Caridad, 

y el amor y dignidad 

por los temas seculares. - 

 

Cuidado del Medio Ambiente 

respeto al Derecho Humano, 

van tomados de la mano 

por Caballeros valientes, 

oraciones muy fervientes 

al Eterno elevarán, 

pues de El esperarán 

ver la Compañía bendecida, 

para nunca ver perdida 

la fe que en Dios mantendrán. - 

 

                    

San Ignacio de Loyola fue en un principio un valiente militar, pero terminó convirtiéndose en un religioso español e importante líder, dedicándose siempre a servir a Dios y ayudar al prójimo más necesitado, fundando la Compañía de Jesús y siendo reconocido por basar cada momento de su vida en la fe cristiana. Al igual que San Ignacio, que  el Capitán General del Reino de Chile Don Martín Oñez de Loyola, del Hermano Don Martín Ignacio de Loyola Obispo del Río de la Plata, y de del Monseñor Dr Benito Lascano y Castillo, Don Carlos Gustavo  Lavado Ruiz y Roqué Lascano Militar Argentino, desciende de Don Lope García de Lazcano, y de Doña Sancha Yañez de Loyola.

Soberana Compañia de Loyola
Cuerpo Socorro Argentino
cuartelmaestre@gmail.com
ordendeloyola@gmail.com
    

MI AMIGO S.E. EL CABALLERO DON ADOLFO "VASCO ZABALZA", CABALLERO DE LA COMPAÑÍA DE LOYOLA: ETAPAS DE UNA VIDA.

 


MI AMIGO EL VASCO ZABALZA: ETAPAS DE UNA VIDA

Ensayo

Mario L. Gospodinoff 

El Vasco y yo nos hicimos amigos a los 12 años, cuando concurríamos a las prácticas de basquetbol en el Club Sports de Pergamino, nuestra ciudad natal. Han transcurrido más de siete décadas desde entonces. El entrenador del equipo era el profesor Leonard. Un hombre joven, recién egresado como profesor de gimnasia, de rostro límpido, de ideas claras y coherentes, considerado y con una gran empatía para con sus jugadores. Sus enseñanzas poseían un fuerte componente moral. A su entender, no se podía ser un buen jugador de ningún deporte, si no se era primero, una buena persona. Desde el inicio de mi concurrencia pensó que el flaco Lorenzo Duffy y yo, por ser los más altos serviríamos de barrera de contención, que impediría a los avezados rivales llegar hasta la cesta. A las pocas semanas de iniciarnos y orgullosos de la camiseta azul, empezamos a participar del torneo regional de cadetes, competíamos con los otros clubes de nuestra ciudad y viajábamos a pueblos cercanos, los domingos por la tarde, a disputar los partidos o recibíamos los equipos de afuera, si nos tocaba jugar de locales. El Vasco se destacó desde el principio. Era el armador del equipo. Hablaba con su mirada incisiva y penetrante que le permitía llegar a conclusiones rápidas de cómo atacar a nuestros rivales o reconocer las flaquezas que los hacían vulnerables. Sus ojos se oscurecían en cuestión de milisegundos y pasaban de la objetividad fría de un hombre maduro a la claridad prístina del adolescente. El Vasco era fiel a las instrucciones que recibíamos del profesor, y ya entonces, conocía los reglamentos del juego más que cualquier otro de los jugadores del equipo. Tenía algo característico, muy propio de él, que guardé en el libro de mis recuerdos: sus silencios. Sin que nada escapara de su campo visual, creo que fue su tiempo de acopio de momentos, de caras y expresiones, de palabras e incidentes, en preparación para el florecimiento de sus decasílabos, de la edad madura. Mi carrera basquetbolística fue breve. Un domingo de otoño, cuando jugábamos de visitantes en Manuel Ocampo, sufrí la fractura del dedo medio de la mano derecha que trajo la justificación deseada para convertirme en espectador pasivo. El Vasco continuó. El basquetbol fue su deporte y luego, por muchos años como referí, respetado y justo.

Con el devenir del año 1950 se inició una década muy rica, de cantantes americanos extraordinarios que influyeron a nuestra generación y que nos ayudaron a definir la percepción de nuestra vida de relación. Entre ellos:

        Nat King Cole con el ritmo pausado de sus melodías, que levitarían por siempre en nuestro subconsciente. 

        Perez Prado: con Patricia, explosión de ritmo y color, que nos indujo a un amor por el impresionismo caribeño, de color y música

        Doris Day: Everybody loves a lover, y nos enamoramos de ella

        Perry Como: (To catch a falling star, Magic Moments) Para agarrar una estrella fugaz y Momentos mágicos y aprendimos a captar el momento, que pasó a ser unidad de vida.

        Dean Martin: Regresa a mí, que le dio color a nuestro romanticismo

        Los Plateros: Solamente tú, que nos ayudó a entender lo único y especial del amor primero sin distracciones.

        Las Hermanas McGuire: Tiempo de azúcar (Sugar time) la química del amor 

La década de los años cincuenta, jugo un rol fundamental en todos nosotros, porque definimos lo que queríamos ser. El Vasco se mostró consistente con sus afectos y elaboró un perfil que ha mantenido con el correr de más de medio siglo: le puedes tener confianza porque para él la amistad es para siempre; la vida es una sucesión de momentos y hoy, es siempre todavía. Desde su adolescencia tuvo más de adulto que todos los amigos comunes: pensante, conocedor de que todas las conductas tienen sus consecuencias; preciso y medido, con absoluto respeto por las leyes del juego; con el poder de observación captado en la interacción con amigos mayores y memoriosos, que acendraron su facultad de ver la vida con objetividad. Fue en esa década que cimentó las bases de su carácter.

En esos mismos tiempos, tuvimos otra pasión que compartimos: el turismo de carretera. Sin dudas la carrera Buenos Aires a Caracas, fue la que colmó nuestras fantasías. El Vasco no dejaba de hablar e imitar a los hermanos Sojit, actores ubicuos de las transmisiones dramáticas, de las peripecias y penurias, que sufrieron los corredores hasta llegar a Caracas. Vivíamos el día a día de la competición, etapa a etapa, de la que se llamó la carrera del siglo. Cuando viajábamos a los pueblos del partido de Pergamino para jugar basquetbol, el Vasco “transmitía” la etapa que se estaba corriendo. Recuerdo el impacto que nos provocó su dramatización de la etapa Santa Fe a Resistencia, cuando faltando cien kilómetros comenzó a llover y los coches no preparados para esa situación quedaban empantanados, sin esperanzas, en el barro rojo y pegajoso. Al concluir su transmisión, aplaudimos. Había logrado hacernos llorar por la tristeza de saber que uno de los hermanos Galvez, no podría continuar en carrera o que algún otro corredor provinciano había roto el diferencial o quemado el embriague. Los resultados afectaron nuestros sueños y fantasías no cumplidas.  

Por entonces nuestro referente cultural local era el “Gallego” Leonardo Rodríguez, con su cabello largo que tapaba sus orejas y su infaltable cigarrillo, segundo amigo más importante del bardo, con su desafiante ateísmo a flor de piel, con su perfil que imitaba a Palacios, pero sin bigotes. En las noches de invierno llegaba al club Sport cobijado en su poncho sin saber si amanecería en el club o en algún boliche donde se cultivara la bohemia. El Gallego influenció a muchos que fueron sus discípulos, que aprendieron a escribir poesía imitándolo y amaron el teatro, al que dedicaron cientos de horas de ensayos, que cada nueva obra vanguardista, implicaba. El Vasco conoció y participó en ese núcleo de la barra de Sports que incluía a mi primo hermano Alberto Morresi, Ricardo Piraccini, Coco Riera, Rovedatti y otros que han volado de mi memoria. Con ellos aprendió códigos y elementos forjadores de su carácter, sin nunca olvidar el código del trabajo, al que la barra no era muy adepta.

El otro gran referente fue su padre, el poeta de la familia y payador, que aún hoy dicen, los memoriosos de Pergamino, que no hubo payada a la que el Vasco padre rehuyera, ni ámbito bohémico que no visitara.

Para entender mejor al Vasco Zabalza tenemos que preguntarnos ¿qué es el carácter de una persona? * Es la forma interna que hace a cualquiera de nosotros, lo que somos. Tener carácter significa poseer energía, entereza, decencia y firmeza. El carácter es la realidad interna de la persona, la estructura en la que echan raíces los pensamientos, palabras, decisiones y conductas.

El Vasco posee la relación recíproca entre su carácter que determina sus conductas, así como sus conductas que demuestran su carácter.

Creo necesario aportar más información para esclarecer el concepto de carácter, y su diferencia con personalidad e imagen. Recurro a las definiciones de personalidad e imagen, del diccionario de la Real Academia:

·         Personalidad: diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de las demás.

·         Imagen: Figura, representación, semejanza y apariencia de una cosa.

El carácter se establece por las variaciones individuales de tres motivos recurrentes:

-       Esencia– Consistencia -Constancia

El carácter es más que una colección de conductas ocasionales o conductas con buena intención. Es lo que realmente somos. Tocqueville llamaba al carácter “hábitos del corazón”. Nietzche hablaba de que el carácter es “una obediencia larga en la misma dirección”. 

Es la constancia, la más intensa de las propiedades de su carácter, lo que ha identificado al Vasco en las distintas personas que ha sido, desde su adolescencia, adultez y ahora, en la madurez de su vida. Ser lo que es, ha implicado una ardua tarea de formación intelectual y madurez emocional, y la incorporación de miles de experiencias y otras tantas horas hombre, de pulir sus pensamientos hasta lograr la esencia, en la que se permite ser un observador agudo y creativo de los avatares sociales que vivimos a diario, eso sí, con una aparente sencillez que nos desborda.

Su acto de creación no es otro que la transmisión de su espíritu. Este proceso no es volitivo. El Vasco no despierta con la determinación de componer un poema, sino que sus versos se suceden espontáneamente. Para lograrlo, entre cientos de temas que han guiado su poesía, está su sensibilidad social y empatía para con los oprimidos, usados como peones políticos. En este proceso interior, el Vasco captó lo que pocos pueden -ser uno con su universo- y al transmitirlo en sus decasílabos, logró algo similar a los que los budistas llaman iluminación.  

Para expresar su esencia comparte con el lector su luz interior, que no es otra cosa que el haberse dado permiso para abrir la puerta e iluminarnos con su sentir y su decir sencillo e intenso.

Como dijera Martin Heidegger (Existencia y Ser), escribir poesía es alegría.

Agrego: escribir poesía es existir en esa alegría.


DON CARLOS GUSTAO LAVADO RUÍZ Y ROQUÉ LASCANO
General Compañía de Loyola
ordendeloyola@gmail.com

Mensaje del General de la Compañía de Loyola, y del Cuerpo Socorro Argentino. El porqué de la creación de nuestras Instituciónes.

SOBERANA COMPAÑÍA  DE LOYOLA


CUERPO SOCORRO ARGENTINO

TCNL D JOSÉ MARIA ROJAS ARGERICH


Desde el Concilio Vaticano II, se destaca cada vez más que el laico en la Iglesia Católica es una auténtica vocación. 

El contenido de esta vocación es la santificación de las obligaciones ordinarias del cristiano y, en primer lugar, las familiares. Así, la Constitución Dogmática Lumen Gentium afirma que su vocación consiste en "iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor" (n. 31). 


El Decreto conciliar Apostolicam Actuositatem indica que forma parte de esta vocación el apostolado, entendido como deber de acercar almas a Dios. Según este documento, "ejercen el apostolado con su trabajo para la evangelización y santificación de los hombres, y para la función y el desempeño de los negocios temporales, llevado a cabo con espíritu evangélico de forma que su laboriosidad en este aspecto sea un claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres" n. 2).


El 
Código de Derecho Canónico define al laico en su canon 207 con un criterio negativo: es laico quien no es 
clérigo.

Nuestra creación es respuesta concreta  a los pedidos y sugerencias realizados por la Compañía Universal (plasmadas en diversos documentos como la CG 34, Colaboración de los laicos en la Misión – , Proyectos de las Provincias SJ, y otros) de conformar un nuevo “Sujeto apostólico” en el que laicos y jesuitas colaboren conjunta y estrechamente en la Misión evangelizadora de la Compañía y de la Iglesia con un carisma y modo de proceder particular e ignaciano.

Esta necesidad de colaboración  surge, por un lado de la disminución del número de jesuitas, pero también, y principalmente, de la “invitación a desarrollar la vocación laical en la Iglesia colaborando, al modo ignaciano y según esta espiritualidad, en la Misión de Cristo”(1).

La Congregación General 34ª , en su decreto n.13 sobre Colaboración con los laicos en la misión,

La Congregación General 34ª , en su decreto n.13 sobre Colaboración con los laicos en la misión,empieza con la afirmación que ‘la Iglesia del siguiente milenio será la Iglesia del laicado” (n.1). Termina diciendo: 

‘La colaboración con el laicado es a la vez un elemento constitutivo de nuestro modo de proceder y una gracia que pide una renovación personal , comunitaria e institucional. Nos invita al servicio del ministerio de los laicos, a compartir con ellos la misión, a crear formas de cooperación’ (n.26). 

El decreto de la  CG 34  propone fundamentalmente una colaboración entre jesuitas y laicos basada en:

  • El compartir con ellos una herencia, especialmente de carácter espiritual, como son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.
  • Una colaboración de ‘doble mano’. Es decir, no solamente los laicos son llamados a trabajar en obras de la Compañía, sino que los jesuitas también son llamados a colaborar en obras comunes a jesuitas y laicos o en obras dirigidas y administradas por laicos.
  • Afirma también que, además de la formación que los jesuitas pueden ofrecer a los laicos, los mismos jesuitas también necesitan, a su vez, de una formación que les prepare para trabajar y colaborar con los laicos.
  • Una colaboración que se da a través de diversos tipos de asociaciones laicas promovidas por la Compañía y de otras formas de vinculación que describiremos más adelante, al hablar de las relaciones de los laicos con la Compañía de Jesús.
Para que laicos y jesuitas puedan trabajar en “comunión” se requiere  de ambos “la formación religiosa y espiritual y el necesario conocimiento de la espiritualidad y del carisma ignacianos, para que la colaboración pueda ser no sólo principalmente ‘institucional’ sino , sobre todo , una verdadera colaboración en la misión”. (4) pag16

En esta perspectiva, la Soberana Compañía de Loyola, y del Cuerpo Socorro Argentino reúne a  laicos y jesuitas  de los apostolados y obras fundadas en la espiritualidad ignaciana para  fortalecer la pertenencia e identidad de visión y misión,  acrecentar el compromiso en la colaboración tanto de jesuitas como de  laicos y  promover la formación laical en el carisma y espíritu ignaciano.

La Compañia genera espacios de encuentro entre jesuitas y laicos para reflexionar sobre los temas que hacen a la misión, ya sea referidos al contexto, a las acciones propias de los diferentes apostolados, las circunstancias sociales emergentes, la realidad de pobreza en que vive más de la mitad de la población mundial, la propuesta de proyectos puntuales.  

Comandante Principal Don Carlos Gustavo Lavado Cárdenas y Roqué Lascano PhD

"El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos." Salmo 103:6 (NVI) Los Caballeros de la Orden de Loyola, soldados de Dio...