S.M. EL REY FELIPE VI Gran Maestre y Administrador Perpetuo por Autoridad Apostólica de las Ordenes Militares. El Oficuio de Clavero Orden de Calatrava

En el contexto de la España medieval, las órdenes militares jugaron un papel esencial no solo en la lucha contra el Islam durante la Reconquista, sino también en la configuración social, económica y política de los territorios conquistados. Entre todas ellas, la Orden de Calatrava, fundada en el siglo XII bajo la Regla del Císter, destacó por su organización férrea, su vínculo con la monarquía castellana y su capacidad para combinar el ideal monástico con la vocación militar. En el entramado jerárquico de esta orden, existían diversos cargos que garantizaban su funcionamiento interno y su efectividad como fuerza defensiva. Uno de los oficios más singulares y estratégicos fue el del oficio de clavero.

Aunque menos conocido por el gran público que la figura del maestre, el clavero desempeñaba una función de gran responsabilidad: custodiar las llaves de las fortalezas más importantes, administrar sus bienes y garantizar su defensa. No se trataba simplemente de un guardián o un oficial subalterno; el clavero era una dignidad elevada dentro de la estructura de poder calatravo, con atribuciones que trascendían lo estrictamente militar para abarcar también ámbitos de gobierno, gestión económica y representación institucional.

Este artículo tiene como objetivo dar a conocer, con un enfoque divulgativo y riguroso, qué era exactamente el oficio de clavero en la Orden de Calatrava, cuál era su jerarquía, qué funciones desempeñaba, quiénes podían acceder a esta dignidad y qué importancia tuvo en el devenir histórico de la orden. Además, repasaremos la trayectoria de algunos de los claveros más destacados y las huellas que dejaron en la historia peninsular, así como el origen de este cargo y su consolidación como símbolo de poder dentro de una de las órdenes más influyentes del Medievo hispánico.

El oficio de clavero

En el seno de la Orden de Calatrava, la figura del clavero ocupaba un lugar destacado dentro de la jerarquía institucional, siendo considerado una de las cuatro grandes dignidades que regían la vida interna y la administración de la orden, junto al maestre, el comendador mayor y el prior. Lejos de ser un cargo meramente simbólico o de carácter ceremonial, el clavero ejercía funciones clave tanto en el ámbito militar y defensivo como en el administrativo y judicial.

Significado etimológico del término relacionado con el oficio de clavero

Etimológicamente, el término “clavero” procede del latín clavarius, que significa «el que guarda las llaves», lo que ya desde su raíz lingüística apunta a su función esencial: la custodia de las llaves de las fortalezas principales. En una época donde el control de un castillo o un enclave fortificado equivalía a dominar un territorio, poseer las llaves no era solo una cuestión de logística, sino un símbolo evidente de autoridad, confianza y responsabilidad.

El clavero era responsable de la seguridad de las posesiones más estratégicas de la orden, siendo habitualmente designado como el encargado de las fortalezas más emblemáticas, como la de Calatrava la Nueva o el castillo de Aldea del Rey. Su presencia garantizaba la lealtad de las guarniciones, la buena administración de los recursos allí almacenados (grano, armas, ganado, etc.) y el mantenimiento de la infraestructura militar.

Orden jerarquica en la orden

Desde el punto de vista jerárquico, el clavero se encontraba en un nivel intermedio-alto: subordinado al maestre y al comendador mayor, pero con voz y voto en los capítulos generales, donde se deliberaban las decisiones más importantes de la orden. Además, por la naturaleza de su cargo, el clavero solía ejercer como una especie de lugarteniente del maestre, sobre todo en contextos bélicos o cuando la presencia del maestre no era posible.

El carácter cuasi feudal de su autoridad se reflejaba también en el hecho de que a menudo los claveros eran seleccionados entre los caballeros de linaje noble, no solo por razones de sangre, sino por su probada fidelidad, experiencia militar y habilidades organizativas. Su papel, por tanto, no era exclusivamente funcional, sino también representativo del poder aristocrático que caracterizaba a las órdenes militares.

Evolución del oficio de clavero en la orden de Calatrava

A lo largo del tiempo, con la progresiva institucionalización de la orden y su estrechamiento con la Corona, el cargo de clavero también adquirió un componente político, al convertirse en figura de referencia para la nobleza local y en interlocutor habitual de reyes y altos cargos del reino. El clavero, como custodio de las fortalezas y bienes, era también un garante del patrimonio de la orden frente a los intereses externos, incluidos los eclesiásticos y seculares.

El clavero representaba una figura de poder híbrida, donde confluyen la autoridad militar, la capacidad de gestión y la legitimidad nobiliaria. Su existencia es una muestra del grado de organización y sofisticación administrativa que alcanzó la Orden de Calatrava, muy por encima de la imagen simplificada que a menudo se tiene de las órdenes militares como simples huestes de guerra.

Funciones principales del oficio de clavero

El clavero de la Orden de Calatrava desempeñaba un conjunto de funciones que combinaban responsabilidades militares, administrativas, judiciales y simbólicas. Su papel era esencial para garantizar el buen funcionamiento de la organización interna de la orden, así como para mantener la integridad territorial y patrimonial de sus dominios. A continuación se detallan las principales funciones que debía atender este alto dignatario:

1. Custodia de fortalezas y control militar

La función más representativa del clavero era la custodia de las principales fortalezas de la orden, entre ellas las sedes emblemáticas como Calatrava la Nueva. No solo era responsable de las llaves físicas del castillo, sino también de su gobierno militar. Supervisaba la guarnición, organizaba turnos de guardia, gestionaba las defensas en caso de ataque y mantenía el estado operativo de las estructuras defensivas, como torres, murallas, puertas y almacenes.

En tiempos de guerra, el clavero comandaba tropas y actuaba como lugarteniente del maestre. Tenía potestad para reclutar hombres, distribuir armas, organizar campañas locales y mantener el orden entre los miembros armados de la orden. Su experiencia militar era, por tanto, un requisito indispensable para ejercer el cargo.

2. Gestión de recursos y bienes materiales

Además de su faceta militar, el clavero era un importante administrador económico. Bajo su responsabilidad estaban todos los bienes muebles e inmuebles pertenecientes a las casas y encomiendas bajo su jurisdicción. Esto incluía desde los graneros y alhóndigas hasta los rebaños, campos de cultivo y molinos. Era su deber mantener los libros de cuentas, recaudar rentas, cobrar diezmos y censos, y supervisar a los criados y trabajadores al servicio de la encomienda o castillo.

También debía rendir cuentas periódicamente ante el maestre y el capítulo general, por lo que su gestión debía ser transparente y eficaz. En este sentido, se le exigía no solo fidelidad, sino también capacidad de administración y conocimientos básicos de contabilidad.

3. Autoridad judicial y disciplinaria

El clavero tenía atribuciones judiciales dentro del territorio bajo su control. Podía juzgar conflictos menores entre los miembros de la orden y los siervos adscritos a las encomiendas, imponer multas, dictar castigos y mediar en disputas. En casos más graves, remitía el asunto al maestre o al capítulo. También tenía la facultad de imponer sanciones disciplinarias a los caballeros y hermanos que no cumplieran las reglas de la orden, sobre todo en lo relativo a la obediencia, la pobreza y la vida común.

4. Representación política y diplomática

En ausencia del maestre, o cuando este se encontraba fuera del territorio, el clavero podía ejercer funciones delegadas de representación. Esto incluía asistir a reuniones con otros dignatarios de la orden, mantener correspondencia con la Corona o con otras instituciones eclesiásticas y, en ocasiones, asistir a Cortes o Consejos del Reino en nombre de la orden.

Su figura, por tanto, no solo tenía autoridad interna, sino que también representaba el poder institucional de la orden ante el exterior. No era raro que los reyes le confiaran misiones específicas, sobre todo cuando los intereses del reino coincidían con los de la orden, como en campañas de conquista o defensa de fronteras.

5. Participación en el capítulo general y elección de cargos

El clavero era uno de los pocos miembros de la orden con voz y voto en el capítulo general, el órgano supremo de gobierno de la Orden de Calatrava. En este ámbito, participaba en la elección de cargos, incluida la del maestre, y en la deliberación de las normas y decisiones estratégicas que afectaban al conjunto de la orden.

Su experiencia y conocimiento del estado interno de las encomiendas y fortalezas lo convertían en un miembro influyente durante estas sesiones, especialmente en todo lo relativo a asuntos militares, disciplinares y patrimoniales.

6. Supervisión de la vida religiosa

Si bien el clavero no tenía competencia directa sobre los aspectos espirituales (a cargo del prior y los clérigos), se esperaba de él que velara por el respeto a la regla monástica en los castillos bajo su cuidado. Esto implicaba asegurar que los hermanos asistieran a los oficios religiosos, respetaran el silencio y las horas litúrgicas, y se mantuvieran fieles a los votos de la orden. En caso de transgresiones, podía amonestar o informar al prior para que se tomaran las medidas necesarias.

Acceso al cargo del oficio de clavero

El acceso al oficio de clavero estaba reservado a caballeros profesos de la orden que hubieran demostrado lealtad, valentía y habilidades administrativas. La elección se realizaba en el capítulo general, donde se evaluaban las cualidades y méritos de los candidatos. Además, era común que los claveros pertenecieran a familias nobles, lo que reforzaba su autoridad y prestigio dentro de la orden.​

Origen del oficio en la Orden de Calatrava

El acceso al oficio de clavero en la Orden de Calatrava no era libre ni automático. Se trataba de una dignidad reservada a una élite interna, y su obtención requería cumplir con estrictos criterios de carácter, linaje, formación y experiencia. Como una de las principales dignidades de la orden, solo podía recaer en aquellos caballeros que hubieran alcanzado un alto grado de reputación, méritos militares y fidelidad institucional.

1. Caballeros profesos: el primer requisito indispensable

En primer lugar, el clavero debía ser un caballero profeso de la orden, es decir, alguien que hubiese hecho votos solemnes de castidad, obediencia y pobreza según la Regla del Císter, adaptada a la vida militar. Esta condición implicaba haber pasado por un proceso de formación y prueba espiritual, que incluía vida comunitaria, servicios religiosos y participación activa en la defensa del territorio cristiano frente al Islam.

Estos votos, lejos de ser puramente simbólicos, conllevaban una forma de vida disciplinada, austera y al servicio de un ideal religioso-militar. De ahí que el clavero, más allá de su capacidad como guerrero o gestor, debía ser ejemplo de vida ordenada y obediencia a los principios espirituales de la institución.

2. Nobleza de sangre y pureza de linaje

Como ocurría en muchas otras órdenes militares hispánicas, el acceso a los cargos más altos —y especialmente a los de mayor visibilidad o poder, como el de clavero— solía estar reservado a caballeros de linaje noble, preferiblemente hidalguía notoria y probada limpieza de sangre. Esta exigencia respondía a una doble lógica: por un lado, aseguraba la lealtad de las casas nobiliarias hacia la orden; por otro, reforzaba la autoridad simbólica del cargo ante los vasallos y los reinos vecinos.

Si bien no era legalmente imposible que un caballero no-noble alcanzara posiciones altas, en la práctica los claveros solían pertenecer a familias aristocráticas, muchas veces con vínculos directos con la monarquía o con otras casas influyentes en Castilla, lo que les proporcionaba también redes de apoyo político fuera de la orden.

3. Experiencia militar y administrativa contrastada

El clavero debía ser un hombre de armas experimentado, con trayectoria en campañas bélicas, defensa de fortalezas y operaciones militares de envergadura. No en vano, la confianza en él para custodiar las llaves de castillos como Calatrava la Nueva o Almagro implicaba un dominio probado del arte de la guerra.

Pero a la par, se requerían habilidades administrativas y de gobierno. El clavero era responsable de la gestión de los bienes y rentas de su fortaleza, de la justicia local, del trato con otras dignidades, y del cumplimiento de los reglamentos internos de la orden. Por ello, debía ser una figura respetada tanto por su capacidad de mando como por su competencia en el gobierno civil y económico.

4. Elección por el Capítulo General o por el Maestre

El nombramiento del clavero no era hereditario ni vitalicio, aunque en la práctica algunos claveros permanecían largos periodos en el cargo debido a su eficacia y a la confianza depositada en ellos. Su elección solía realizarse por el Capítulo General de la orden, compuesto por los principales dignatarios y caballeros de prestigio. En algunas ocasiones, el maestre tenía poder decisivo para nombrarlo directamente, aunque este acto requería generalmente el respaldo del capítulo o de la autoridad real, especialmente en los siglos finales de la Edad Media.

El proceso de selección estaba marcado por la reputación del candidato, su comportamiento moral, su fidelidad al maestre y a la Regla, así como por la solidez de sus alianzas políticas internas y externas. Las tensiones entre los intereses monárquicos, los linajes aristocráticos y la autonomía de la orden a veces influyeron en estos nombramientos, haciendo del cargo un punto de disputa política en determinados periodos.

5. Lealtad a la Corona y al maestre

A partir del siglo XV, con la creciente intervención de la monarquía en los asuntos de las órdenes militares, la lealtad al rey y al maestre adquirió un peso cada vez mayor en el acceso a los altos cargos. Algunos claveros llegaron al cargo no solo por méritos internos, sino por ser hombres de confianza del rey o por su papel como mediadores entre la orden y la Corona. Tras la unión de los maestrazgos con la Corona bajo los Reyes Católicos, esta tendencia se intensificó.

Claveros destacados en la historia

A lo largo de su dilatada historia, la Orden de Calatrava fue testigo del ascenso de figuras clave que, desde el cargo de clavero, jugaron un papel determinante no solo en los asuntos internos de la institución, sino también en la política y en la historia del Reino de Castilla. Algunos de estos claveros dejaron una huella imborrable por su valentía en combate, su capacidad de gobierno o su influencia en el destino de la propia orden. A continuación, repasamos a los más célebres:

1. García López de Padilla (¿?-1489)

De clavero a último gran maestre independiente

García López de Padilla es, sin duda, el más conocido de los claveros de la Orden de Calatrava, tanto por su trayectoria ascendente como por el momento histórico que le tocó protagonizar. Ejerció primero como clavero mayor, probablemente desde la década de 1440, antes de ser elegido maestre de la orden en 1466, en plena crisis política castellana.

Durante su tiempo como clavero, Padilla consolidó su prestigio como defensor de fortalezas fronterizas y como hábil gestor de recursos en tiempos de inestabilidad. Su experiencia militar y su reputación entre los caballeros le permitieron ser elegido como maestre tras la muerte de Pedro Girón. Como maestre, García López de Padilla fue protagonista de un periodo clave: la consolidación del poder real sobre las órdenes militares. Su resistencia inicial a la injerencia de los Reyes Católicos lo convirtió en una figura de oposición institucional, aunque finalmente, en 1489, los monarcas lograron incorporar el maestrazgo a la Corona de manera definitiva, convirtiéndolo en el último maestre autónomo de Calatrava.

Su figura simboliza la transición entre la independencia medieval de la orden y su subordinación al poder real en la Edad Moderna.

2. Fernando Fernández de Córdova y Mendoza (siglo XVI)

El clavero humanista y constructor del Palacio de la Clavería

Este noble castellano, miembro de una de las casas más influyentes de la nobleza española, ocupó el cargo de clavero en el siglo XVI, en un momento en que la orden ya había perdido gran parte de su autonomía, pero aún mantenía una fuerte presencia patrimonial y simbólica.

Fernando Fernández de Córdova destacó por su perfil humanista y mecenazgo. Fue el principal impulsor de la construcción del Palacio de la Clavería en Aldea del Rey (Ciudad Real), una residencia renacentista de gran valor artístico e histórico, concebida no solo como vivienda del clavero, sino también como símbolo del prestigio de la orden. Su iniciativa fue parte de un programa de embellecimiento y reforma del patrimonio calatravo.

Además, fue promotor de instituciones educativas, entre ellas una universidad en Almagro, que pretendía formar a los miembros de la orden en letras, leyes y teología, adaptando su misión espiritual al nuevo contexto del Renacimiento. Su actuación marca una etapa de transición donde el poder militar se transforma en influencia cultural y social.

3. Rodrigo Messía Carrillo (siglo XV)

El clavero estratega de la frontera andalusí

Rodrigo Messía fue un destacado clavero durante el siglo XV, época marcada por intensas campañas contra el Reino nazarí de Granada. Procedente de una familia noble con tradición en la frontera, destacó por su capacidad táctica y su firme defensa de las fortalezas de Sierra Morena, especialmente las situadas entre los actuales territorios de Ciudad Real y Jaén.

Aunque no alcanzó el cargo de maestre, fue considerado uno de los principales estrategas militares de la orden, siendo citado en numerosas crónicas como uno de los comandantes más eficaces en el control de los caminos, en particular el paso de Muradal y los puertos de Despeñaperros, vitales para el tránsito entre Castilla y Andalucía.

Su figura representó el arquetipo del clavero como hombre de frontera, responsable del equilibrio entre la espada, la ley y la fe en las tierras más vulnerables del reino.

4. Pedro de Rivadeneira (siglo XIV)

El diplomático de la orden en la corte

Menos recordado por su actividad militar y más por su papel en la política, Pedro de Rivadeneira ejerció como clavero durante el siglo XIV y se distinguió por su cercanía a la corte del rey Pedro I de Castilla. Fue un hábil mediador entre los intereses de la orden y los del monarca, lo cual le valió prestigio y también tensiones con otros miembros del capítulo general, que veían con recelo la creciente influencia regia sobre la orden.

Su figura representa el inicio de una etapa de politización del cargo de clavero, en la que el prestigio y la proximidad al trono comenzaban a tener tanto peso como la trayectoria militar.

Un legado complejo y fascinante: el oficio de clavero en la orden de Calatrava

La historia de los claveros más célebres de la Orden de Calatrava es también un reflejo de la evolución de la propia institución: desde la defensa armada del cristianismo en la frontera, hasta el papel de mecenas culturales o diplomáticos al servicio de la Corona. Lejos de ser meros funcionarios, los claveros fueron pilares del poder calatravo, custodios no solo de fortalezas físicas, sino también de la herencia espiritual, política y territorial de una de las órdenes más influyentes del medievo hispánico.

El palacio de la Clavería: símbolo del cargo

El Palacio de la Clavería, ubicado en Aldea del Rey, fue construido en el siglo XVI como residencia oficial del clavero. Este edificio renacentista reflejaba la importancia del cargo y servía como centro administrativo y de representación. A pesar de su valor histórico, el palacio ha sufrido un notable deterioro, aunque existen iniciativas para su restauración y conservación. ​


El oficio de clavero en la Orden de Calatrava fue fundamental para la consolidación y mantenimiento del poder militar y administrativo de la orden. Su evolución refleja la adaptación de las órdenes militares a las cambiantes circunstancias políticas y sociales de la península ibérica. Estudiar la figura del clavero nos permite comprender mejor la complejidad y la organización de una de las instituciones más influyentes en la historia medieval de España.

Foto de la Catedral de Córdoba en 1852, la sacó Juan Roqué.

 Foto de la Catedral de Córdoba en 1852, la sacó Juan Roqué. Para los que se dieron cuenta. En 1901 fue añadida la estatua del Cristo Redentor en la cima de la fachada, tal escultura fue forjada en la fundición de Paucelae Coquet de París, Francia. Juan Roqué, nació en Burdeos, estudió ingeniería en la Sorbona. Rivadavia lo trajo al país aproximadamente en 1829. Fue una suerte de Ministro de Obras Públicas. Después Quebracho López Gobernador de Córdoba lo llevó a su provincia donde se encargó de las obras públicas. Diseñó la Cañada y construyó el puente de la calle 27 de Abril. Reconstruyó la Iglesia del Pilar. Trae la impresión para las monedas y billetes de Córdoba de París, lo mismo la fotografía. Se casó con una sobrina de Vélez Sarsfield, Paulina González Vélez Sarsfield.

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Córdobers: Caras y caretas cordobesas.¡Voilá, el “Payo” Roqué!. Por su sobrino nieto Cte Pr Dr D Carlos Gustavo Lavado Roqué Lascano

¡Voilá, el “Payo” Roqué! 

“S.E. Don Benjamín Roqué ("El Payo")1865-1930 Nieto del Ing. Don Juan Roqué Fruchanson. Hijo de Adolfo Hilario Roqué Gonzalez Vélez Sarsfield. Fué el único amigo que le quedó al Excmo. Señor Presidente de la Nación Don Miguel Ángel Juárez Celman luego de la Revolución de 1890.”

Así da cuenta sobre el Payo esta breve ficha en el blog de Orden Ecuestre de Loyola, en una entrada sobre La Maison Roqué, Francia Saint Foy Le Grand - Luis XIX, dedicada a los blasones de esa familia muy bien representada en Córdoba. Y, efectivamente, emparentada con los Vélez Sarsfield.

Ya crecidita la criatura, que siempre debió luchar contra los kilos de más que le arruinaban la figura, el Payo Roqué le agregaba un dije a la genealogía de su familia. Un desfile de nombres de personalidades son parte de la historia de este personaje entre Buenos Aires y París, sus capitales y escenarios para su lucimiento.

Siempre tuvo más crédito que capital, y mucha suerte. Ya durante el período presidencial de Miguel Juárez Celman le fue asignada una pensión anual de 400.000 pesos fuertes. 

Luego la historia misma le puso fin a esos días, pero el Payo siguió teniendo banca. 

El político y ganadero argentino (combinación virtuosa) representante de una fortuna mendocina, Benito Villanueva, hizo tantos buenos negocios que le sobraba plata para mantener las farras del Payo Roqué, y su proyección como personaje cardinal de la noche porteña e incluso parisina. 

Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, importador de ganado de razas Shorthorn y Aberdeen, el doctor Benito Villanueva (abogado) admiraba y mimaba al Payo. 

Le dio cargos puramente nominales, le envió cheques salvadores, lo protegió toda su vida y hasta lo reconoció -dicen que con esfuerzo- en la morgue a días de la muerte solitaria. 

Mención anticipada: para ese fin faltan velas todavía, en el recorrido por ese interesante figura que creó el Payo Roqué para desempeñarse en la vida pública y social. 

Sí, era el rey de la noche, sin duda, y también debió ser un gran seductor, para lo cual evidentemente tenía las dotes necesarias. 

Muchas veces citado por memorialistas, historiadores, comunicadores, las menciones aportan focos sobre su aspecto y su indumentaria, o bien sobre sus anécdotas, o sobre la red de amigos y conocidos famosos que eran parte de su órbita. 

Referido a sus retratos, a aquí va uno de Carlos de Soussens, bohemio europeo renacido en Buenos Aires, que pincelaba así las múltiples cualidades y la pinta del Payo:

“Tan sólo para no humillar a Groussac, Malharro o Yrurtia, no se ha dignado a meterse a pintor, escultor o escritor. En fin, todo un Pico de la Mirándola, perocon rubios bigotes de emperador alemán y el facón y la facundia de un cordobés sans façon.”

Enrique Loncan, abogado, diputado nacional, escritor y periodista que solía firmar como Americus en Caras y Caretas, miembro del círculo de amigos del Payo, lo retrata en 1919, con la atención puesta “en su silueta física inconfundible, en sus amplios bigotes de domador de fieras, en su apostura bizarra y arrogante, que los años han deformado con un implacable pronunciamiento abdominal; en su aspecto de gran señor bien comido y satisfecho en sus estrechos jacquets de Bosconi Fratelli, en sus ademanes y actitudes que envidiaría cualquier «camelot du roi…»”.

Por su parte, el periodista y pensador Emilio Becher, parte de la colorida intelectualidad porteña de 1900, se fijó en el cuadro de elegancia que presentaba Roqué, su “postura arrogante y bizarra que remataba, en sus distintos extremos, en lujosa galera obsequiada por Madame Jeanne, regenta de célebre prostíbulo Hotel París, quien lo alojó a perpetuidad, y en polainas holandesas, éstas un presente de don Benito Villanueva, Senador Nacional, quien lo contrató para que haga las veces de secretario en la capital francesa.”

Nos detengamos a continuación en un testimonio no ya fisonómico, porque no se detiene en su pinta ni en su elegancia, las que inspiraron el prototipo del tango Susheta, de Cadícamo, sino en las estrategias y la soltura con que era capaz de moverse el Payo en todos los ambientes. 

Este es delineado por el escalpelo poético de Rubén Darío, quien lo conoció en reuniones habituales en la Confitería del Águila y en el “Royal Keller”, donde ambos eran contertulios de gente como José Ingenieros, Ricardo Rojas, Miguel Cané, entre otros. 

Es notable este recuerdo vivido de cerca por el poeta nicaragüense y que publicaba Caras y Caretas en noviembre de 1912, en varias entregas, con el título de “La vida de Rubén Darío contada por él mismo a Caras y Caretas”. Escribía el visitante, acerca de sus paradas nocturna:

“Yo iba siempre a ver trabajar a mi amigo clown en su pista del teatro «San Martín». Una noche vi allí la demostración del talento especial del «payo» Roqué, para ganarse amistades y hacerse simpático, con sus habilidades y maneras, a toda clase de gentes. 

Había leído, por la tarde, la llegada en su yacht de un potentado inglés, el conde de Carnarvon, Lord Dudley, a quien acompañaba un príncipe indio, Duhleep Sing. En el intermedio de la función del «San Martín» noté en un palco a un joven de tipo británico, acompañado de otro hombre moreno, que tenía en su mano derecha un anillo con estupendo brillante negro. Estaba con ellos uno al parecer secretario. Me encontré con el payo y le dije:

— «¿Ha visto usted al Lord de Inglaterra y al Príncipe de la India?» y se lo señalé en el palco. Cuál no fué mi sorpresa, cuando al continuar la función vi a Roqué sentado en el palco, en risueña conversación con los dos exóticos personajes. Más tarde llegué a casa de Luzio, y como viese, muy pasada la medianoche, movimiento de mozos que subían a los altos con pavos trufados y botellas de champagne, pregunté qué fiesta había arriba, y un camarero me contestó:

— «Son unos príncipes que están de farra con el payo y unas artistas.»”

 El Cte Pr D Carlos Gustavo Lavado Roqué Lascano PhD Oficial de Enlace GNA, el Dr Dan J Beninson PhD Presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear ARN (Científico Argentino que impulsó el desarrollo mundial de la protección radiológica y seguridad nuclear).el Cte Grl D Timar Musumeci DNG. Firman convenio por la Protección Física de las Instalaciones y transporte de material nuclear.Ley 23554 Art. 31. 

 Cte Pr Dr D CARLOS GUSTAVO LAVADO ROQUÉ LASCANO 

S.M. EL REY FELIPE VI Gran Maestre y Administrador Perpetuo por Autoridad Apostólica de las Ordenes Militares. El Oficuio de Clavero Orden de Calatrava

En el contexto de la España medieval, las órdenes militares jugaron un papel esencial no solo en la lucha contra el Islam durante la Reconqu...