Martín García Óñez de Loyola era
natural de Azpeitia, Guipúzcoa, donde nació en 1548. Era sobrino de San Ignacio de Loyola. Con apenas 19 años siendo capitán y
caballero de la Orden de Calatrava, Martín García Óñez de Loyola emprendió un
viaje al Virreinato del Perú.
En 1572, recibió el encargo de formar parte de la tropa que debía capturar al
último inca, Túpac Amaru, que se encontraba refugiado junto a sus
hombres en la remota Vilcabamba. Otros virreyes y capitanes habían fracasado en
esa empresa. Los expedicionarios españoles, por fin, consiguieron doblegar a
los naturales, pero el cabecilla de aquel ejército escapó a las montañas,
aunque posteriormente fue localizado por un destacamento al frente del cual iba
García Óñez de Loyola, quien lo apresó y llevó a Cruzco, donde finalmente fue
ajusticiado.
Como recompensa, el virrey nombró a Óñez de Loyola corregidor en
varios pueblos del Perú y le permitió casarse con una sobrina de Túpac Amaru,
descendiente de Atahualpa y bautizado con el nombre de Beatriz Clara Colla. El
matrimonio sólo tuvo una hija, Ana María Óñez de Loyola, quien residió con su
madre en Concepción, desde 1593. Con esa boda los Óñez de Loyola emparentaron
con la antigua nobleza de aquella tierra. Entre el señorío de Urubamba heredado
por su nueva esposa y las tierras y los bienes que le fueron concedidos por sus
servicios, el matrimonio acumuló una gran fortuna, sustentada y ampliada además
porque Óñez de Loyola fue nombrado gobernador de Potosí, en 1578.
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GOBERNACIÓN DE CHILE POR
MARTÍN GARCÍA ÓÑEZ DE LOYOLA |
En 1581, se le otorgó el cargo de gobernador y adelantando del
Virreinato del Río de la Plata, pero postergó el inicio de esa actividad
por retrasos en la aprobación eclesiástica de su matrimonio. Poco después, el
rey Felipe II le confirió el mando de la difícil Capitanía General de
Chile. Después de partir del puerto de El Callao y seguir la ruta marítima
marcada con anterioridad por el piloto Juan Fernández, recaló en Santiago, en
1592. Nombró secretario a Domingo de Eraso, sargento mayor a Miguel
de Olaverría, y obispo electo de Santiago a fray Pedro de Arzuaga,
todos ellos de origen vascongado.
Lo que se encontró al llegar allí fue una guerra abierta y cruenta con los
araucanos. Óñez de Loyola se distinguió por su buen trato a los indios a los
cuales consiguió reducir a cambio del abandono de las armas. Sentó así un
importante precedente de política de negociación entre los españoles y los naturales,
aplicado de manera masiva en el siglo XVII.
En 1594, fundó la ciudad de Santa Cruz en la confluencia de
los ríos Bío-Bío y Laja. Sin embargo, el cese de las hostilidades no duró mucho
tiempo, ya que el cacique Pelantaro se rebeló contra los españoles e inició una
ofensiva a la que se unieron otros grupos de nativos de la zona.
La ayuda que había solicitado Martín García llegó por fin desde Perú y el
gobernador lanzó un ataque desde Angol, en 1598, con clara intención de acabar
con la rebelión, dirigiéndose con una hueste de más de 300 hombres a las
peligrosas ciénagas del Mumaco, lugar en el que los araucanos se habían hecho
fuertes. Confiado en su potencial militar cometió el fatal error de descuidar
la vigilancia intensiva y en el amanecer del 24 de diciembre los indios se
abalanzaron sobre los españoles que pernoctaban en Curalaba, cuyo significado
en lengua mapuche es el de "Piedra Partida". Mataron a casi todos,
incluido el propio Óñez de Loyola, cuya cabeza, separada del cuerpo, fue paseada
en una pica. Posteriormente su cráneo fue utilizado como recipiente ceremonial.

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